PREDICAR Y DAR TRIGO
El mercado laboral, el gran discriminador, dice el titular de Público.
Qué fácil es predicar, y qué difícil dar trigo.
Cuando hablamos de igualdad social, tanto entre hombres y mujeres, como entre hombres, la conversación deriva a conceptos etéreos, como libertad, mérito, excelencia.
Sin decirlo, están justificando sus privilegios en sus cualidades. Más a quien más vale. Y como tú no tienes, la ecuación es irrefutable, eres un cretino. Y algunos, en ambos bandos, hasta se lo creen
Sin embargo, en ese lenguaje abstracto, académico (de cuanto tienen que avergonzarse esas academias de la mentira), distante, nunca se habla de la realidad. Esa realidad en la que, como en el horno de la fundición, se derriten todas las mentiras, tonterías y excelencias.
Un político, al que le reprochaban la constitución de su país, respondía que su constitución eras sus leyes laborales, que no permitían que un trabajador cargara, por ejemplo, más de 30 kilos, entre otras muchísimas protecciones más.
No, es más seguro el discurso inconcreto, casi poético, basado en elevadas y etéras invocaciones a la esencia de la nada.
Ayer escuché la historia de una trabajadora con graves problemas cervicales, que trabaja en una residencia removiendo ancianos, con una paga de miseria y por ello teniendo que hacer jornadas en otros trabajos. ¿Volverá el pluriempleo franquista?
Quizás aprieten hasta que medio muertos supliquemos árnica. Sí, lo que sea, pero algo...
Esa trabajadora enferma me recordo el título de una película: "Marcha o muere"
¿En eso va a quedar el libre mercado, la libertad de morirse de asco?
¿Es posible que lleguemos a tal desmontaje de la protección social que el no pueda haya de morirse de hambre?
Que exagerado: sí, pero que le pregunten a aquellos países por donde han pasado las recetas económicas del FMI.
Viene tambien en Público un artículo en el que se informa que Detroit se ha convertido en una ciudad fantasma. Tres grandes industrias del motor que antes lo adornaban todo con sus nombres, hacen aguas; pero en Colombia se van a reunir los hombres más ricos del mundo para intercambiarse sus exultantes felicidades.
Es decir, esta puede ser una crísis económica; pero sobre todo es una crisis de la vergüenza, de la moral, incluso de la elegancia.
Hubo un tiempo en el que los poderosos, tras años de discreción, decidieron mostrar sus lujos. Se comentó, criticó, analizó. ¿Era una provocación calculada? ¿Era un intento de querer cegarnos a todos con los destellos de sus joyas?
¿Pretendían cegarnos a esa otra realidad que es el mercado laboral, discriminatorio, misérrimo, desprotegido, inhumano, desigual, bárbaro?
Pero no se dan por enterados. Mientras sus billeteras rebosen ¿qué importan la compostura, el tacto, la sutileza, el saber estar?
Intercambiemos nuestras obscenidades... ya que nos aburrimos, ya que no nos sonrojamos por la realidad del fracaso, ya que no sentimos necesidad de meditar y cambiar por lo que comienza a ocurrir en el mundo.
El 2% de la población acapando el 50% de la producción mundial; y eso no es secuestrado por obscenidad...
Pero esa es otra, el fracaso se detecta ahora, cuando nos duele en Etnocentria.
Cuando morían (y mueren) 40 mil personas al día, cuando había pandemias (y sigue habiéndolas), cuando los niños quedaban ciegos a los cinco años (y sigue así), cuando el 99% por ciento de una población era analfabeta (y sigue), cuando un minero enfermaba por la silicosis y debía seguir trabajando (y no sigue porque ya murió), cuando a la esposa no le quedaba nada y había de dedicarse a recoger ganga, con dos o tres niños a su cargo, cuando todo eso ocurría (y sigue ocurriendo) no había crisis, ni lamentos, ni nerviosismo.
Todo era magnifico en nombre de la libertad y del liberalismo.
Por otro lado leemos apocalipticos artículos en los que la disensión se revela involucionista (suplemento de ABC).
Hay que volver atrás, a cuando el hombre tenía conciencia de la existencia de dios.
Ese liberalismo capitalista, según estos pensadores retrocatólicos, no ha hecho otro mal que apartarnos de dios y de la oración y echarnos en brazos del becerro de oro y de la fornicación.
Estos son los talentos que han de dirigirnos, ellos subidos en el Bugati y nosotros a pié. . ´
Lo peor es que muchos trabajadores se lo creen, en el colm del miedo.
