Primas y primos...

Les han concedido primas multimillonarias por su incapacidad.

Millones de dólares como botín de guerra.

Lo extraño es que los botines de guerra se perciben cuando se ganan las batallas. ¿Las han ganado? Según se mire. El Estado les ha insuflado vida, es decir, billones, y ha sido tal la alegría que se han premiado a sí mismos.

Habría que verlos con sus trajes azules y grises, con sus camisas azules o rosa, con sus corbatas rosa o azules. Tirándose impacientes de la manga de la camisa, para que sobresalga justo medio centímetro de la manga de la chaqueta. La elegancia reside en tales detalles. No importa que después pongas la mano a la espalda, en forma de cazo, para recibir la correspondiente pitanza.

Los camareros ajetreados, céleres, sintiendose culpables por no poder atender más deprisa a los magnates. El abismo y la cima. Y la cima ahí, impertérrita y feliz.

"¿Sabéis lo que ha dicho el negro?". "¿Qué ha dicho el negro?". "Que hay que devolver al menos la mitad...". "¿Ya empieza a dar por ...?"...

Y lo más curioso es que nada de esto afectará a la integridad del sistema, a la dignidad de sus capitanes, al prestigio de sus instituicones, al valor intelectual y moral de sus universidades, a la fiabilidad de sus recetas. Los "chicos de Chicago" seguirán utilizando su jerga entre megadeportiva y megaególatra, mirando por encima del hombro a todo quisque que se le cruce, como si hubieran resuelto todos los dramas del mundo. "¡Ah! ¿Pero hay dramas en el mundo? Bueno, pero el presidente de la reserva federal ha dicho que en unos meses se habrá solucionado todo". "Que no es eso, que hay cosas más graves". "¿Más graves? No tenemos noticia, y lo que nosotros no conocemos, no existe".

Y todo seguirá igual. Se les seguirá mirando desde abajo y la factura de la luz vendrá quintuplicada (cierto, me ha ocurrido) y la del teléfono duplicada (cierto, me ha ocurrido), y de un bocado se habrán llevado un importante porcentaje de un jornal raquítica, falsamente equiparado al IPC.

¿Y dónde gritar? Ya no hay ventanillas. La señorita o el señorito del teléfono te dirá con voz monótona que ese número no atiende tales asuntos, y llegará un momento en el que pensarás que es todo un sistema ideado para que no puedas resolver ni reclamar nada.

Y a ese empleado mal pagagado ya no lo verás como a una víctima más, como a un compañero de infortunio, sino como a un colaborador necesario de la empresa, que pone vocación en lo que hace.

Y después de una crisis descomunal, --lo han dicho ellos--, después de pasar por la vergüenza de tener que pedir socorro al denostado, despreciado, inutil, parasitario, burocrático, ineficaz Estado, siguen actuando como si nada hubiera pasado.

La factura de su luz se ha quintuplicado. "Ah... Los watios son los watios...".  "Pero si no he cambiado nada". "De eso la culpa la tiene el gobierno"... 

Sí, es cierto, de eso la culpa también la tiene el gobierno, al menos mientras no haga nada para remediarlo.

Y así todo. Se ha perdido la vergüenza, y sin vergüenza no se puede ir a ningún sitio.

¿Los partidos? Partidos y bien partidos. "Que no, que ese sillón es mío". "Que no, que entre ellos y nosotros, es mío".

Y más trajes azules, y corbatas amarillas  y camisas rosa, que es el multicolor y prima-veral uniforme de moda.

¿Conclusiones? Claras: que es perfectamente aceptable todo y que hay que socializar pérdidas y privatizar ganancias como mecanismo corrector de las crisis periódicas. "No podemos protegerlos por cuatro cuartos" .

¿Críticas al sistema? Ninguna, que para eso se equivocó Marx es todo todito y no dio ni una.

¿Su vaticinio sobre la acumulación de capital? Una patraña.

¿Su predicción de que las grandes empresas devorarían a las más pequeñas? Una tontería.

¿Que la acumulación de capital produciría un empobrecimiento de las clases más débiles? Una insensatez.

¿Que los parados eran una reserva de mano de obra barata? Una difamación.

¿Que las contradicciones del sistema generarían crisis cíclicas? Un sofisma.

¿Que el mal se mundializaría? Una tontería.

En definitiva, un pelanas. Que nosotros, con nuestras primas millonarias, a costa de los primos idiotas, somos el fiel reflejo de la vergüenza de este sistema ejemplar. Sólo hay que vernos para saber que somos unos caballeros.

"...Señores, por favor, sonrían, vamos a hacer una foto histórica para celebrar lo que no hemos solucionado.... Les motivaré con el extraordinario menú que les hemos preparado... Pero por favor, sonrían. Estamos de enhorabuena. Somos incombustibles..."