Los moralistas son la gente más extraña del mundo. Por ejemplo, si un marido llega a casa y dice. "Me he acostado con tu amiga", hay un drama monumental. Si el marido le dice: "Acabo de bombardear una ciudad iraquí", su mujer le da un amoroso beso y se preocupa por sí él ha sufrido algún percance. Así son las cosas de la melíflua sensibilidad humana.
Parece que razonan un poco al revés, como ocurre con el lenguaje jurídico.
Hoy, Carlos Herrera, en XLSemanal (¿será la medida de la absurdidad?) nos da una lección lirico-esencialista sobre eso que tanto desvela a los españoles: la medalla a las Bellas Artes que el Ministerio de Incultura (al menos en este supuesto) otorga a los toreros.
El artículo comienza con otro asunto esencialista: la medalla que la Virgen María encomendó a "santa" Catalina Labouré. Asunto trascendental que emparenta bien con la fiesta que se corre la gente para ennoblecer aún más su amor hacia los animales. Porque, por si no se sabe, cazadores y taurófilos son grandes amantes de los bichos, y por eso los matan, "pa" que no sufran más.
Se suele decir que España sigue debatiendo su ser y su exisitir. Dúdolo. Pero si es así, no es de extrañar que por esas vías no nos reencontremos y "anduviemos" perdidos.
Para Carlos Herrera, con esa mala uva que le caracteriza, "la tauromaquia consagra valores intocables como el respeto, el honor, el valor, la vergüenza, el pundonor; no la envidia, el rencor a la arrogancia."
Será verdad, pero más bien parece que la tauromaquia representa mejor una logomaquia a la cual le importa un pepino el fondo verdadero de las cosas, sino más bien el sonido a lata vacía.
Y es así: por su ruido sabréis de su vacuidad.
Ahora, matar a un animal al cual previamente han agotado, encajonado, envaselinado los ojos, tapado las fosas nasales, desidratado a base de no darle de beber en tres días, etc., etc., lo llaman valor, honor, pundonor y más cosas así, y merece de un país que se autoproclama civilizado, una medalla a la "belleza".
Para Jack el Destripador también debía ser belleza ver fluir la sangre de sus víctimas desventradas y desgenitalizadas.
El otro día, "Pepe" Bono (así suena más popular el chico) y el día anterior "Engique" Múgica llamaban tontos a quienes no alcanzábamos a comprender estas cosas.
Pero no deberían sorprenderse: hace falta mucho nivel para alcanzar estos conceptos meta-filosóficos-trascendentales-con-los-ojos-en-blanco.
Mushooo nivé, ci zeñó. Porque, cualquiera digiere sin bicarbonato esta lírica en dimensión XXXL...:
Dice: "Morante de la Puebla, torero de empaque y no poca mística escénica...".
Es decir, que la mística es, fue, un simple decorado de cartón piedra aglutinado con sangre...
Lo de empaque lo dejamos por su significado anfibológico. ¿A qué se referira tan señero autor: ¿a señorío, a distinción, o a descaro, a desfachatez? Complejo dilema metafísico indesvelable.
Añade: "Ha dejado correr una reacción primaria..."
Incomprensible reacción, sí señor, en quien se dedica a hacer pinchitos amorosos con los toros. Todos estamos sumidos en el pasmo. Que sorpresa, una reacción primaria en un torero.
"Lo único que ha conseguido es reflejarlo como un torero cabreado"...
Lo mismo de los mismo: los toreros no se cabrean nunca, dada su alta espiritualidad y serenidad, distantes de las cosas terrenales como son músculos desgarrados, arterias seccionadas, pulmones encharcados de sangre, asfixia, agotamiento, aterramiento del ánimo, etc.
"No creo que sea de recibo (¡horrible!) desbarrar violentamente..."
Comprensibilísima esa incredulidad del escritor-monje hacia el arrebato violento, en cuanto que la tauromaquia es una bella arte pacíifica y pacifista, basada en el amor al toro y en la sensibilidad empática. (Se puede decir maltrato, sin embargo, no bientrato ¿es que no existe esa acción humana?).
"Tiene indudablemente una plástica más artística..."
Nada que decir: nos reencontramos con la sempiterna constatación de un arte escénico donde todo es sueño y lírica, junto a ese concepto también abstracto, cuando es ajeno, que es la muerte.
"Una dinastía inconmensurable..." ...
¿Emparentados quizás con las realezas europeas que por lo visto todas tienen un tronco común e incluso en algunos casos taurófilo?
En definitiva:
"Déjense de polémicas, que de poco sirven porque ya están saliendo los toros por los chiqueros de España y esos sí que necesitan atención. Y que Dios reparta suerte". (Aquí imagino al articulista frotándose las manos sólo con imaginar los placers visuales que le esperan).
Sublime frase: Los toros necesitan de nuestra atención. Efectívamente. Suena a sala de urgencias. "Dr. X. accidentado grave necesita de su atención inmediata" Y el Dr. corriendo para salvar una vida.
E inconmensurable cierre, cierre XXXXL:
"Y que Dios reparta suerte".
¡Dios y re-Dios!, que frase.
Es decir, que el tratamiento de la tauromaquia es un bello arte que comienza con la Virgen María y una santa, y termina con una invocación piaosa a Dios.
Imagino oir decir a esa solícita esposa del principio, en virtud de esa coherencia que suponemos a los humanos, sobre todo a los más moralistas:
"Y, querido, ¿matastes a muchos niños?".
"No tantos como esperabamos".
"Ah, pobrecito mío, y estarás decepcionado... muaccccc".
Todo muy lógico y comprensible.
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