Por Enrique Oliva
3/2009
DEL BLOG: TEREMARÍN
Por mucho tiempo periodistas y escritores occidentales, han venido eludiendo, o haciendo mínimas referencias a Karl Max, para evitar ser etiquetados como algo que podría traerle, por lo menos, molestas polémicas.
Casi de repente, todo cambió, a raíz del revisionismo dentro de la Iglesia.
Ante la caída del régimen de la ex Unión Rusa Soviética Socialista, el Papa Juan Pablo II tuvo palabras de reconocimiento a "algunas ideas buenas" de la doctrina marxista. Estimó el Pontífice que el fin del comunismo no implicaba que debiera reemplazarse por el "capitalismo salvaje". Es decir, pensaba en una especie de tercera posición más humanizada.
El actual Papa, Benedicto XVI, no ha elogiado ni criticado al marxismo. Pero recientemente no ha desautorizado a un prestigioso teólogo alemán, quien ponderó conceptos que recorrieron velozmente al mundo, de su compatriota Karl Marx, expresados en El Capital. De inmediato se agotaron los ejemplares polvorientos existentes en trastiendas de librerías. Varias editoriales, lanzaron rápidas reimpresiones que siguen vendiéndose bien en Occidente. Asimismo han resurgido, libros biográficos de Marx, Engels, Lenín y obras de otros marxistas.
La dura experiencia bancaria del Vaticano
A fines del Siglo XX, la Santa Sede padeció un escándalo a nivel mundial. El Papa Juan Pablo I, deseando sanear las finanzas de la Santa Sede, confió el prestigioso Banco Ambrosiano y el Instituto para las Obras Religiosas (IOR), más conocido como Banco Vaticano, a un hasta entonces ignorado obispo yanqui, Paul Marcinkus. Este reclutó a dos banqueros profesionales: Michael Sindona, presidente de la Banca Privada y Roberto Calvi. Con el tiempo, al trío se lo culpó de infinidad de operaciones ilegales; desde blanqueo de dinero como de negocios con la mafia y de invertir en grupos de empresas, donde alguna producía anticonceptivos, elementos prohibidos por la Iglesia. También tenía inversiones en industrias bélicas. Juan Pablo I (Albino Luciani), sucesor de Juan XXIII, apareció muerto a los 33 días de pontificado. El arzobispo Marcinkus falleció hace semanas, en Estados Unidos.
Michael Sindona, "vinculado a la mafia italoamericana" como repitió la prensa internacional, murió envenenado estando preso en una cárcel en Milán. Roberto Calvi, con pedido de captura de la justicia italiana, en junio 1982 apareció su cadáver colgado bajo un puente del río Támesis, en Londres. En sus bolsillos se encontraron varias piedras, lo cual permitió suponerlo como ajusticiado por la mafia. Su secretaria privada, el mismo día de su huida, cayó desde una ventana de la oficina del banquero, pareciendo un suicidio. Tanto Sindona como Calvi eran miembros de la logia Propaganda 2, dirigida por el hoy nonagenario Licio Gelli. Y se siguen publicando libros sobre el tema que el mundo vio reflejado en el film El Padrino III.
El Vaticinio de Karl Marx
Hace 132 años, en 1867, Karl Marx escribió en su obra El Capital: "Los dueños del capital estimularán a la clase trabajadora para que compren más y más bienes de consumo, viviendas y tecnología, haciéndoles deber cada vez más, hasta que su deuda se vuelva insoportable. La renuncia al pago de la deuda llevará a los bancos a la bancarrota, por lo que tendrán que ser nacionalizados y el Estado dirigir la economía". Esto es de sorprendente actualidad, escrito por quien ni siquiera vivió la crisis de 1929, pues falleció 34 años antes.
Es de imaginarse el disgusto de un bancgster, si llegara a tropezar con otra frase de Marx que dice: "El último negocio de los capitalistas será vender la soga con que serán colgados".
Los usureros en China comunista
Walter Lippmann (1889-1974) el legendario periodista norteamericano especialista en política internacional, visitó China en varias oportunidades, estableciendo una buena relación con Mao Tse Tung desde cuando luchaba contra el nacionalista Chiang Kai-shek, terminando vencedor y reimplantando la república en 1949.
Una vez en el poder Mao, Lippmann lo visitó deseando recorrer algunas zonas ya conocidas en tiempos de la Guerra Civil. Se internó en el país y, de regreso a Pekín volvió a ver al líder chino, preguntándole: "Mis viejos recuerdos veían a usted con poca popularidad en el interior y ahora es querido por las mayorías. ¿Cómo logró ese cambio?"
"Tuvimos en cuenta el odio de campesinos y obreros a los usureros, siempre impunes. Al aproximarnos los revolucionarios a poblaciones, huían represores y mandarines, pero se quedaban algunos prestamistas. Entonces se los detenía y eran colgados en sitios públicos. De ese modo el pueblo sin acreedores, comenzó a creer en la justicia del comunismo".
Los bancos en la historia de EEUU antes de Marx
Thomas Jefferson, fue en 1776 el brillante redactor de la Declaración de la Independencia. En 1801, al convertirse por 8 años en el tercer presidente norteamericano, tuvo conceptos muy críticos sobre los bancos, acuñando un pensamiento visionario: "Creo que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron." Y así ocurrió. Fue bajo la presidencia de Woodrow Wilson, al concluir la Primera Guerra Mundial, aceptando crear lo que se llamaría Reserva Federal, dejando el manejo control de la moneda en manos de grandes bancos privados.
A uno de los creadores de la Banca Rothschild se le atribuye haber dicho más o menos con estas palabras que, "si me dieran el manejo de la moneda de un país me quedaría con el poder sin importar quien se crea gobernarlo".
Abraham Lincoln, durante la Guerra de Secesión contra el esclavista Sur, por necesidades económicas debió recurrir a los bancos que emitían moneda, prestándola a intereses usurarios. Entonces el presidente decidió que el gobierno fuera el emisor. Esta actitud le valió que los afectados le iniciaran feroces críticas, haciéndolo impopular y, costándole el ser asesinado. Solo con el tiempo se lo reconoció como héroe nacional.
La olvidada experiencia yanqui de la crisis de 1929
Franklin Delano Roosevelt, el presidente que sacó con su New Deal a Estados Unidos de la gran crisis iniciada en1929, extendida luego a todo el mundo, señaló sin equívocos a los culpables, llamándolos bancgsters, palabra mezcla de banco y gangster, más nadie se lo recordó a George W. Bush ni a Barack Obama cuando dieron escandalosos salvatajes, descubriendo tarde las trapisondas de firmas como la AIG.
"Solo un optimista ingenuo -afirmó Roosevelt- podría negar la oscura realidad del momento. Ello es así por la incompetencia de quienes gobiernan el intercambio de bienes del mundo. Las prácticas inescrupulosas de los banqueros han trascendido al tribunal de la opinión pública y han sido rechazadas en el corazón y en la mente de la gente. Ellos han fallado. Ante la falta de credibilidad, han propuesto sólo más préstamos. Han apelado a varias exhortaciones y a las quejas plañideras. Ellos solo conocen las reglas impuestas por una generación de egoístas. No tienen visión, y cuando no existe visión, el pueblo pierde. Los banqueros se han encaramado a los más altos sitiales del templo de nuestra civilización. Es nuestra tarea de hoy restaurar ese templo. Debe terminar la conducta puesta de manifiesto en el ambiente bancario y el mundo de los negocios que estimula el egoísmo y la inconducta privada...".
Y Roosevelt dejó quebrar a 5.000 bancgsters y reencaminó su país, dejándolo por desgracia al morir en 1945 en manos de su vice, Harry Truman, quien pasa a la historia universal como el primer hombre que ordenó el disparo de bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.
