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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

24 Marzo 2009

DESPIDOS

Aegis anuncia que ha de despedir a 780 empleados, que representan el 5% de una plantilla distribuida en 40 países. ¿La causa? la "necesidad de reducir costes debido a las condiciones del mercado".

Antes, cuando las empresas, por ejemplo, las japonesas, tenían pérdidas, no aplicaban de inmediato esta solución, que es la tijera.

Por el contrario, mandaban a los trabajadores momentaneamente improductivos a formarse más de lo que lo estaban. Y el patrimonio de la empresa, en este caso el humano, aumentaba. Quizás gracias a este sistema llegaron a ser la segunda economía del mundo, y quizás por haberlo dejado están retrocediendo irrecuperablemente (esta segunda parte es la que sostienen los expertos).

Como mínimo suena a un sistema más humanitario. Capitalismo "con rostro humano" se podría pedir. Que pena que este deseo sólo se haya sido para el socialismo.

Y estamos hablando de empresas en situación de pérdidas.

Uno de los problemas es que se hacen las cuentas demasiado deprisa. Se han perdido las perspectivas. Los beneficios no se pueden mediar por minutos, por horas, por meses. Ni los contratos. El análisis de una empresa es como el de un páis. ¿Podríamos despedir a sus ciudadanos porque su balanza comercial es transitoriamente deficitaria?

Pero lo más gracioso del asunto, (un decir), es que, al contrario de lo que se pudiera pensar, Aegis ha aumentado sus beneficios en un 25,7%, 1.342 millones de libras, es decir, más de ¡dos billones y medio de pesetas!

¿La causa? una tan críptica como la de "necesidades de reducir costes debido a las condiciones del mercado", tal como se ha dicho. Una especie de "sí porque sí"

Todo esto suena a una extraña mezcla de perentoriedad e insuficiencia explicativa, como siempre ocurre con la economía. Sabes que la cosa es muy seria, pero no sabes por qué, y aparte te da una risa pasmada y espasmódica de incredulidad. Por ejemplo: "está demostrado que la bolsa sube cuando hay despidos". Textual, de un análisis económico.

Decir mercado es invocar la razón de las razones. Porque el mercado se autorregula, se automodifica, se autodirige y se autoamputa.

Quizás sea una de las causas de tanto despido, que al mercado le pones el piloto automático y funciona solo y bien solo. Las pagas millonarias a sus directivos es otro de los misterios, ya que lo razonable sería dárselas a la "mano invisible", esa que todo lo regula.

La cuestión es que vamos de fe en fe. Igual que hay que tener fe en dios, veas lo que veas (ayer la matanza de focas) hay que tener fe en el mercado, a pesar de que veas en triunfal conjunción a un montón de beneficios y a un montón de despedidos, sin saber a dónde van unos y otros.

Porque, sí, hay condiciones y condicionantes de mercado irrebatibles, pero también hay una acumulación del 50% del capital mundial en el 2% de la población. A la cual, encima, hay que inyectarle dinero público. ¡Es que son distintos números y partidas! Sí, claro, siempre los tecnicismos.

Pero, aparte los tecnicismos,  "según la OCDE, los paraísos fiscales acumulan un patrimonio privado de casi un trillón de dólares, cinco veces superior al de hace dos décadas. En los Estados que los albergan tienen sede más de un millón de sociedades amparadas en el anonimato, lo que según el FMI ha permitido que en estos territorios se esconda una cuarta parte de la riqueza mundial" (1).

Pero al margen de toda esa jerigonza, es evidente  que esa competencia finalista no aporta bienestar ya ni con beneficios desproporcionados. Porque ¿para qué quiere el mundo una concentración de capital semejante, si es como un Himalaya que a nadie calienta?

¿No iba a rebosar el champan de las copas más alta a las más bajas, hasta llenarlas todas? ¿No era esa la justificación de la acumulación desorbitada de capital, de la filosofía privatista, de la generosidad por el egoísmo, de la futura igualdad por la actual desigualdad?¿O es otra figura poética?

Hace años, en Suecia estaba mal vista la personalidad ahorrativa. Se entendía que no contribuía al bienestar general en cuanto que el dinero estancado no corría de mano en mano, de forma que sólo sólo beneficiaba a unas cuantas entidades bancarias.

A este capitalismo neoliberal y superior, a este capitalismo rupturista, no hay quien lo entienda. Parece que quiere gobernar sobre cadáveres. No es exagerado decir que el panorama se está convirtiendo en un conjunto de calles repletas de sucursales bancarias y locales con anuncios de "se traspasa" o "se vende". Y esto ya antes de la crisis.

Si el dinero no corre ¿quién va a comprar? Si los trabajadores no producen ni cobran ¿quién va a vender?

Este capitalismo, que a pesar de parecer una ciencia exacta y tangible, está lleno de sofismas, hipótesis y especulaciones, se basa en demasiadas ficciones como para poder alimentar al mundo.

Primero comienza por convertir al trabajador en mercancía. Después lo escinde en dos personalidades enfrentadas, contrapuestas, de difícil coexistencia.

El trabajador, cuando va al mercado, es un tacaño porque le falta el dinero; y sin embargo, cuando cobra, la lógica de ese mismo mercado le obliga a contradecirse y a presionar al alza, con lo que el empresario a su vez, se dirá justificativamente, tiene que subir los precios. ¿Cierto? sí, si por medio no estuviera el margen variable de ganancias de dicho empresario.

Pero a este casi nunca le "despiden" una parte de los beneficios.

Tres personas distintas, trabajador, consumidor, mercancía,  y una misma necesidad de comer suficientemente. Otro dilema.

La cuestión es que tan exitoso sistema ni con beneficios bimillonarios y trimillonarios (millones de millones, ¿billones de billones?) resuelve los problemas de las personas de carne y hueso.

Al final (dicen ya algunos) tendremos que ir a una guerra destructiva para que la economía se vuelva productiva, y con misterios se resuelvan los misterios del mercados. A no ser que la respuesta sea que en dichas épocas se se produce a muy bajo coste y que una vez más nos salva la "mano visible" del trabajador.

(1) Del programa IDEAS, integrado por expertos nacionales y extranjeros en economía, aunque la referencia es de la OCDE.

 

 

 

 

 

 

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CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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