ESCRIBIR EN ESPAÑA
Se decía antes que escribir en España era llorar. Habría que puntulaizar que antes y ahora. Y no sólo escribir, sino también hablar, y pensar.
No somos dados al diálogo, esa acción que consiste en intercambiar información e ir modulando las opiniones en una simbiois armonizadora.
Aquí, como en el cuadro de Goya, nos enterramos hasta la rodilla, no vayamos a retroceder un ápice. Porque lo de la opinión es una cosa (aparentemente) de cataplines. Aparenetemente porque nos hemos vuelto un pueblo muy laxo al defender nuestras propias opiniones. Nos hemos vuelto beatlistas: "Let it be", déjalo pasar...
Todo nuestro entusiasmso está destinada al jolgorio de las fiestas. Es tan entusiasta que no queda nada para otros entusiasmos.
En estas palabras hay una pequeña contradicción: clavados hasta las rodillas y fiestas.
Sí, son dos estados del ánima distintos. Pero se pueden alternar. Cuando no estamos enterrados hasta las rodillas, estamos de fiesta. Ya sea la feria, ya sea llevando un trono, ya sea en la playa donde la haya.
Pero ay cuando creemos los diletantes que nos han rozado un cabello. Escarbamos, nos atrincheramos y de ahí ni un milímetro hasta acabar con el prójimo molesto.
Y es que no tenemos capacidad para la abstracción. Hemos heredado el espíritu práctico de los romanos. Pero sin demasiadas pretensiones sistematizadoras, que ellos si que las tenían.
Somos tan concretos que todo lo concretamos hasta la última expresión: nosotros mismos, y nada más allá (aunque vayamos a procesiones religiosas).
Con tal de defendernos estamos dispuestos a quedar como estúpidos.
Es lamentable que no se pueda conversar, intercambiar ideas, ir avanzando hacia un encuentro humanizador. No, siempre hemos sido buenos albañiles, y nuestra vocación es levantar paredes, más que puentes, que es cosa de ingeniería.
Es increible, pero ya en el siglo XXI hay todavía gente que esgrime ideas y argumentos del XVII. ¿Qué hay que nos impide la flexibilidad, el raciocinio, la ductilidad, hasta cierto excepticismo hacia las verdades reveladas?
Hoy hablaban en la tv sobre el lazo blanco, y las dos posturas encontradas no razonaban.
Para unos, las procesiones son un acto religioso en el que no debe haber mensajes políticos.
Para los otros, es un acto políico que al transmitir una fe ha de incorporar contenidos políticos.
Los primeros aportaban como dato positivo que las procesiones acercaban a socialistas y peperos (sic). Vaya extraña confluencia en la incredulidad. Porque ¿qué hace un socialista en una procesión católica?
Pero también cabría preguntarse: ¿Y que hace un católico en una procesión que entiende más como expresión ludico-folclórica que espiritual? Yo, que ido a una procesión en mi vida, he oído decir obscenidades a la Virgen.
Lagrimas, emotividad, machismo (el pecho potentemente sacado). Teatralidad. Hay unos paneles por Málaga que son increibles. Cuatro rostros. Tres de ellos en heróico esfuerzo tronero. Cuadradas las mandíbulas, fruncido el ceño, pietos los labios, dispuesto el ánimo. La cuarta halága al patetismo. Casi llora de dolor la criaturita. La parte débil del expectáculo, que eso también se lleva. unas cuantas lagrimitas ahora ponen mucho. Es la otra parte del alma masculina.
Antonio Banderas, golpeando la campana, como si en ello fuera el futuro de la economía española. Y en el plató de la tv. a la Terelu Campos (o algo así) defendiendo las procesiones a su modo. Que si son un gran encuentro entre rojos y católicos, etc. Un neto y moderno producto español, donde el pasado ha dejado fuertes ramificaciones en el presente, mezclando ideas inarrejuntables, salvo para los que han vivido bien en ambos regímenes.
La cuestión es que tenemos a rojos que hacen penitencias y promesas. A católicos que no siguen ni un sólo precepto de su Iglesia. A curas decimonónicos, más dedicados a propagar el mensaje antigubernamental que el evangélico. A intelectuales que después de haber cargado con el trono se van a la corrida de toros picassiana para cerrar sangrientamente una fiesta conmovedora e inolvidable. A jóvenes modernísimas con lagrimas en los ojos, mirando con unción a su Virgen hasta que suena el movil. A marciales y despechugados legionarios que levantan a pulso a un Cristo (ignoro si ván o no arrmados, lo que en caso positivo sería un gran contrasentido). A familias enteras que se sientan cuatro horas antes para no perder el sitio. A señorones que pagan 12 mil euros por un balcón y seguramente para agradecer su buena fortuna durante generaciones... que ya se sabe, a costa de imitar a Cristo, se vive como Dios.
¿Cómo argumentar seriamente? Uno de los requisitos del existencialismo era la seriedad. Duda que nunca cuaje aquí una doctrina semejante, tan aburrida.
Por eso, escribir, hablar, pensar, es llorar. A veces hasta exisitir. Y eso sin pensar en los animales. Que hoy ayer no se podía comer carne (salvo bula), pero si abanderillearla y estoquearla.
Ya lo dijo el Roto: "Cuanto más sé menos puedo habalr".
Parece ser que la viñeta de hoy es un Cristo crucificado, que exclama: "No iréis a ponerme el lazo blanco?"
Por supuesto, al 14 de abril, o a la manifestación en Sevilla contra las corridas de toros no irá ninguno de estos antípodas gemelos, según Terelu y las matemáticas.



Maga dijo
hola Luis, déjate de rollos políticos vine a darte un abrazo : )
Que Cristo resucitado te dé armonía y ya no pelees con nadie.
(No tienes que publicar el comment)
Besos
12 Abril 2009 | 07:11 AM