IGLESIA
Desde hace siglos la Iglesia ha perdido la oportunidad de recuperar el mensaje evangélico.
Si un árbol comienza a desarrollarse torcido, sólo se puede enderezar mientras es jovencito. Una vez que es un tronco grueso y robusto es imposible lograr que recupere la verticalidad esperable.
Y esto es aún más predicable cuando se trata de una institución que habla, no ya en nombre de Dios, sino del amor.
Que irónica suena esa frase de "ama a tu prójimo" contrastada con la realidad.
No cabe duda que la iglesia recogió un pesado testigo, que fue heredar prácticamente un imperio en crisis. Y la pregunta que subyace es: ¿se eclesiastizó Roma o se romanizó la Iglesia?
O peor aún: ella es producto de la confluencia de ambas entidades, que engendraron un híbrido que en lo que menos podia pensar era en el amor, dadas las presiones, responsabilidades, condicionamientos de Estado inmenso en crisis.
Pero no se trata de hacer por enésima vez recuento de sus seculares errores, sino de peguntarse sobre una frase de Jesucristo que quizás esté en la base del problema.
Jesús dice: "Dad a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del César".
Pero, ¿es posible este milagro de la diplomacia sin caer en las redes del César?
Las Bienaventuranzas, el Evangelio, las parábolas de Jesús (las que se entiendan) son en sí radicales. Y radicalmente contradictorias con la recomendación de pagar impuestos a la iniquidad, que eso es lo que era el Imperio romano en aquel momento.
Lleno de grandezas (el imperio), sí, pero sobre todo de miserias, posiblemente asumibles desde un punto de vista humano, pero nunca desde la prédica del amor absoluto.
No hay términos intermedios: o se es de este reino, o se es del otro. Querer ser de los dos a la vez es como querer dormir en medio de la carretera, o aún más difícil.
Confrontando el lenguaje de Jesús, que define muy bien su programa económico ("Es más fácil que un camello pase por el agujero de una aguja que un rico entre en el reino de los Cielos") con la realidad horrible del mundo, no cabe hacer equilibrios entre camellos y ricos, sobre todo cuando estos últimos lo son absolutamente.
Decía la OCDE el otro día que en los paraisos fiscales había un trillón de dólares (un billón de billones), es decir, un cuarto de la riqueza mundial, los cuales se desperazan allí sin declarar; y antes decía la ONU que el 2% poseía el 50%, y el 50% vivía con el 1%; y un poco antes informaba la UNICEF que en el mundo morían diariamente 35 mil niños; y ayer decía la OCDE que 1.800 millones de personas viven sin contrato ni prestaciones sociales, con sólo 2 dólares al día de salario; y un poco antes se denunciaba que en América latina hay 50 millones de niños de la calle...
¿Cómo concliar estas realidades con unas posturas eclesiales que en un determinado lugar y en un determinado momento sus portavoces más valorados son Jimenez Losantos, por ejemplo?
Estoy convencido de que la COPE está llena de crucificos. ¿Cómo vincular la palabra de ese hombre clavado en una cruz, con la de ese otro que se ha convertido casi en el mesías de la España levantisca?
Y ahí quería ir a parar ¿levantisca ahora? A lo largo de siglos, a lo ancho del mundo, se vive en la pobreza y se muere por su causa ¿y la Iglesia no tiene otra cosa que plantear las discusiones que plantea? ¿Esas son las preocupaciones que tiene tan "densos" mensajes?
Es como si un padre tuviera en la cama un hijo muriendo de cáncer y estuviera completa y exclusivamentemente preocupado porque su hija lleva caidos los vaqueros.
Ahí se equivocó Jesús: no se puede estar con el César y luego predicar el amor..., y dar la mitad de la capa, y aconsejar poner la otra mejilla. Todo eso no es conciliable, porque el César es muy exigente. No sólo por una desviación moral, sino por su propia necesidad de sobrevivencia. El César no tolera ambivalencias.
Se dice que la guerra es la continuación de la política; pero más bien parece (viendo la acumulación de bienestar y que este ya no es la causa de los conflictos porque ya no se puede acumular más) que la política es la continuación de la guerra, que está en el principio de las cosas, tanto en la naturaleza como en las sociedades.
¿Y cómo pertenecer a la sociedad, y muy bien instaladamente, y luego pretender asumir el mensaje de Jesús?
El padre de Sandino dijo, refiriendose a su hijo: "así terminan todos los redentores". Y eso los generales de la iglesia lo saben muy bien. Por muchas causas, entre ellas por haber encabezado muchas puniciones de rebeldes.
Nunca he entendido eso de encarnarse en hombre (vamos, no lo creo, pero admitámoslo retóoricamente) pero no le veo un sentido pedagógico, salvo si quería demostrar que con todas las debilidades de un ser humano, aún así, se puede ser bueno.
Y si ese es el mensaje, ¿cómo cambiar los papeles y sentarse después en el trono de Herodes, o en el de Pilatos?
En el de Pilatos, porque como Unamuno decía, cristiano agónico él, "a veces el silencio es la peor mentira".
Por eso, que mala es la banalización de las cosas.
Cuando se ve a hombres tan inteligentes discutiendo sandeces de tal tamaño se termina con la convicción de que una de las mayores insidias de la manipuación es la de hacernos descender al nivel de niños para anularnos completamente.
Jesús pidió que dejaran que los niños se acercaran a él. Es decir, eran los preferidos. Pero por muy preferidos que fueran, no distinguían entre Jesús y Herodes.



luism dijo
Malos lectores, malísimos, (que estudios lamentables en Erspaña) me dicen que yo les pregunto... Yo aquí no pegunto nada, más bien afirmo: No se puede uno sentar en el trono de Herodes para representar a Jesús. ...
14 Abril 2009 | 08:27 PM