LOS CONSEJOS DE LA PRENSA
Eugene Robinson es columnista del Washington Post. Es un gran hombre: le han concedido el premio Pulitzer. El objetivo de este premio es estimular la excelencia. Tan significado premio le concede el privilegio de impartir consejos. Uno de ellos es que Obama debe aprender a "mostrar las garras".
Lo dice a colación de la Cumbre de las Américas. La opinión de tan insigne periodistas es que "Obama debería prescindir de parte del decoro", vamos, que fuera algo más indecoroso.
Todo viene porque según él, "los críticos de Obama estan enfurecidos porque Obama trató a sus homólogos como iguales". Que su actitud colegial supuso una "ruptura con la tradición".
Aunque a renglón seguido añade que nada habría logrado "ladrando órdenes a los vecinos y consolidando la imagen de insufrible arrogancia yanqui".
Es decir, un lío: ¿debía ladrar o no debía ladrar? ¿ser insufriblemente yanqui, o no serlo?
Y ¿qué es ladrar en definitiva? Pues tratar como a inferiores a los países latinoamericanos.
Como lo que dice no queda demasiado bien, así visto, sobre todo ahora que hemos vuelto a la América encantadora, punto seguido recurre a la teatralidad que también le recomienda al presidente, necesaria como "arma del arsenal político", según su propia opinión.
Lo que era una clara admonición política dirigida a todo un colectivo de presidentes que no pueden ser tratados como iguales, el periodista, conejilmente, quiere dejar un sabor de boca menos cierto, un digo pero no digo. Y para ello recurre a los canallas del lugar,
Según el artículo del eximio periodista no se sabe bien que de malo habrá hecho Chávez en esta ocasión, a no ser regalarle un libro de Galeano, que según palabras del periodista "condena claramente la intervención de EE.UU. en Latinoamérica". Mmmm, grave cosa, sí, recordar las verdades, no realizarlas.
La cuestión es que el plumilla, con una lógica aplastante afirma que el desigual Chávez gana elecciones, pero que es un dictador latinoamericano, un caudillo. Y que "eso no es propio del siglo XXI". Sus palabras sí son del siglo.
Luego le toca el turno al segundo impresentable: Ortega, de Nicaragua.
¿Qué hace el segundo desigual para merecer un trato menos decoroso por parte de Obama? Pues, durante 50 minutos, 50 (como en los toros) despacharse "sí, contra la larga y sórdida historia de intromisión estadounidense en Latinomérica".
Y añade. "El discurso de Ortega estaba pensado como un desaire. Por ello, cuando le tocó el turno de palabra al presidente de EE.UU. debió haber aprovechado para pedir... una postura contundente frente a quienes prefieren insultar antes que pasar página".
¿Se indigna el periodista porque las palabras de Ortega y el libro de Galeano, y el regalo de Chávez sean una sarta de mentiras? Más bien parece que no, pues dice: "De acuerdo, la trayectoria de implicación estadounidense en Latinoamérica es bastante sórdida. Y lo reconozco, Obama dejó claro que no pretende renunciar al liderazgo estadounidense, sino que aspira a una nueva atmósfera de respeto mutuo..."
A la manifestacióhn lideril de Obama el periodista añade que lo de Chávez y Ortega hubiera requerido "una muestra de cólera presidencial".
Leyendo todo esto, más bien parece que le dieron el premio Pulitzer por su torpe sinceridad, porque agrega: "Mientras el enfado de la opinión pública crecía a causa de las ayudas a los bancos estadounidenses, un estallido a tiempo de "enojo presidencial" le habría permitido apartarse de primera línea de fuego"... "Y aquellos que no fueron lo bastante educados... hacia su persona merecen metafóricamente un soplamocos presidencial"...
Es decir, que los consejos de la prensa libre, premiada con los galardones de la excelencia por la excelencia, son los siguientes:
1) Nada de entre iguales. Respeto mutuo, sí, pero vosotros abajo, y nosotros arriba.
2) Ser sujeto de las acciones de los EE.UU. es muy molesto para los EE.UU. no para los sujetos, por lo cual jamás se le deben recordar esas acciones. Que falta de educación abrir los libros de historia.
3) Ganar elecciones es ser un dictador; no pretender renunciar al liderazo en el patio trasero, es ser muy demócrata. Claro, como los latinoamericanos son burros, y los otros son excelentes...
4) Decir que algo es sórdido, tal como también lo acepta el tal Robinson, es un "numerito grosero".
5) El espíritu democrático presidencial se muestra mediante "cóleras" presidenciales. Quizás esté pensando este ilustre periodista en Yaveh, en la Biblia, en Sodomo y Gomorra, en Hiroshima y Nagasaki...
6) La solución a la historia de Latinomérica es coserse la boca y "pasar pagina". (Que fea expresión para un literato sublime). Hay que pasar página hacia eso, hacia Guantánamo, hacia Irak... Granada... Panamá... Haiti...pero a los que se resistieron a esas acciones que necesitan ser pagineadas, los ahorcaron, juzgaron, ofendieron, insultaron, encarcelaron... y nadie se dio por ofendido (ni las víctimas, estaban en otras cosas peores) porque después de todo, no estamos entre iguales.
7) Además, si tu pueblo está enfadado contigo por cuestiones económicas interiores (desvio de dinero público para sanear empresas privadas lamentables) entreténlo azuzando a ese pueblo contra otros pueblos con cuestiones de política exterior, con enojos, soplamocos, xenofobias, eslóganes afortunados como "son culpables", "estos indios rojos", etc. etc...
En definitiva, que después de tanto análisis, tanta candidatura, tanto fashion, tanto look, tantas maracas, lo que nos viene es un "rivaival" a lo Wilson: Palo y zanahoria para los desiguales.
