Brutos pero sinceros...
Hubo un tiempo en el que la Academia de la Lengua, la Real, estuvo dudando si cambiar el nombre de las carnicerías. Exquisitos melífluos proponían llamarlas "carnecerías". Era una forma elegante de dignificar los establecimientos. Elegante si admitimos que en tal concepto puedan caber la manipulación, la doblez y la falta de sinceridad. La cuestión era que la palabra carnicería parecía "impropia" --otro circunloquio-- para definir algo tan pacífico relacionado con algo tan agradable como la pitanza del ser humano.
Seguramente la vergüenza afloró a tan digno y real cuerpo y prefirió dejar las cosas tal como estaban, ya que si el asunto no se removía demasiado, pasaría totalmente desapercibido. ¿Qué importancia puede tener que en España se asesinen al año 750 millones de animales (o dos millones al día) si al fin y al cabo todos somos cristianos y demócratas, que es lo que importa, y todos tras pertinente confesión y arrepentimiento (¿de qué?) iremos al cielo?
Por supuesto, de estas cosas no saben en los pueblos, y al asunto siguen llamándola matanza, como dios y la santa biblia ordenan. Ya se sabe que la Biblia, como texto divino que es, estableció que los animales estaban en el mundo para ser maltratados por el hombre, ese otro animal, pero superior por haber sido hecho a imagen y semejanza de su creador.
Asunto incuestionable porque, como decíamos, así lo mandata la biblia, y la biblia es incuestionable. Y que nadie nos acuse de utilizar un circulus in demostrando porque una denuncia así, aparte de ofensiva, sería altamente pecaminosa. No en balde se hizo un concilio en Nicea para determinar, entre otras cosas, cuáles eran esos textos sagrados
Las versiones sobre el "milagro" de tal selección son mútliples, pero en conclusión lo que se viene a "demostrar" es que de entre todos los textos candidatos (y eran muchos), quedaron milagrosamente seleccionados cuatro, que se convirtieron desde ese momento en los cuatro textos canónicos oficiales.
Quizás más convincente hubiera sido dejarse de mecanismos académicos y haber argumentado como en los pueblos: la matanza es la matanza, y para eso está el bisho. Y teniendo en cuenta que el matarife en ese momento blande en su mano un cuchillo (cushillo) grandísimo ¿quién se va a poner de parte del coshino ?
No es de extrañar que, tal como apareció en la prensa, una de esas pobres víctimas muriera de un ataque al corazón antes de llegar al degolladero. Y eso que no tienen alma ni se enteran de nada. Seguramente el animalito se murió por una mera cuestión estética, que en algunos de esos lugares perdidos, la cosa da para mucho.
En definitiva, que esta gente que se considera desinteresada y normal, hasta con las palabras guerréa y busca sangre. Y una de sus grandes victorias, hay que reconocerlo, ha sido la de lograr que a los matadores se les llame toreros, a la matanza fiesta y a los aficionados a la matanza taurófilos. Pero en fin, para eso esta la Academia de la Lengua, la Real, para fijar y dar explendor, incluso a lo más siniestro.



Joaquín Martínez dijo
Los animales son inteligentes, la única diferencia con el hombre es que no lo disimulan.
27 Julio 2010 | 07:11 AM