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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

30 Julio 2010

Rebelión en la granja, de Savater.

Comentarios al artículo de Savater (marzo de 2010).  Avatar de luism

El título: ¿tendrá algo que ver con aquel Orwell que al final resultó ser un chivato de la polícia que denunciaba a sus amigos "rojos". ¿Serán los "rojos" en este caso los toros y los antitaurinos?

Utilizamos el término "rojo" porque para la RAE es ya peyorativo. El rojo es malo, el rojillo no tanto.

Rojo: En política, radical, revolucionario.

Revolucionario: Entre otras: Alborotador, turbulento.

Radical: Entre otras: Extremoso, tajante, intransigente.

Poquito a poquito, se van viendo las diferencias entre conservadurismo y  progresismo.

Dice Savater: "La civilización humana se basa en el maltrato de los animales. La polémica sobre los toros no revela acercamiento a la naturaleza, sino el predominio humanista de la compasión y la hipocresía".

Es decir, que a sensu contrario, el que quiere a los animales es un incivilizado.

Por supuesto que no significa acercamiento a la Naturaleza, que es bárbara y cruel en muchos aspectos. Significa precisamente un intento civilizador que supere (en lo que se pueda) a la barbarie de la Naturaleza, en la que se incluye el hombre (y que a veces la supera).

Hipocresía: ¿Cuál es su antónimo?

De entrada, hipocresía viene del griego, HYPOKRITEIS, que significaba actor o protagonista en su teatro. Pero ¿no proviene también de ahí la palabra persona?

¿Al final va a ser, según la argumentación de Savater, que los defensores de las corridas de toros,  en su "sinceridad"  ni son personas, ni son civilizados, ni son compasivos?

Y el mérito ¿cuál es, proclamar su barbarie?  

FERNANDO SAVATER 16/03/2010

"Lo que diferencia el actual episodio del enfrentamiento entre taurinos y antitaurinos en el Parlamento catalán de otras fases de ese cíclico y antiguo debate es que por primera vez parece plantearse efectivamente la abolición de las corridas de toros en una región española. De modo que lo que se discute -o se debería discutir- no es tanto si ese espectáculo es una fiesta artística, portadora de tales y cuales valores, o por el contrario una muestra de barbarie anticuada, sino si debe o no ser prohibida para todos, la acepten o la rechacen. Es perfectamente imaginable que haya personas que sientan desagrado y repugnancia por las corridas pero que consideren abusiva su prohibición; incluso puede haber aficionados contritos que, reconociendo su gusto por ellas, admitan la necesidad de suprimirlas para verse libres de tan pecaminosa tentación, siguiendo el criterio de Pérez de Ayala: "Si yo mandase en España, suprimiría las corridas... pero como resulta que no mando, no me pierdo ni una"."

1) Lo que se discute o se debería discutir no es lo mismo. Estamos ante una realidad y el autor mezcla un ser y un deber ser. Es decir, que no nos aclara lo que pretende aclaranos. El resto del párrafo es igual de confuso. ¿Qué quiere decir? ¿Debe ser prohibida para todos? ¿Podría prohibirse para unos y para otros no? ¿Y qué pasa aquí con el toro, que es el verdadero sujeto del asunto?

Përez de Ayala: Un chiste. ¿Podría haber hecho un chiste semejante sentado en el potro de tortura?

"¡No falta ya más que los Parlamentos decidan lo que es moral y lo que no lo es!"

Bueno, eso de que los campos de la moral y del derecho están absolutamente deslindados es otro sofisma. Pero no vamos a hacer aquí una ponencia sobre filosofía del derecho. Realmente lo que los antitaurinos planteamos no es la disyuntiva entre moralidad - inmoralidad, sino entre dolor y no dolor. Lo demás son gaitas.

"Nadie le pregunta a la merluza si quiere donar su cogote a las sociedades gastronómicas"

No, y muy mal hecho. Tanto vale una merluza como un toro. No pasa nada si se es vegetariano. A la soja los indios la llaman la carne del campo, y es un 65 % más energética que la carne.

"De modo que ahora el viejo debate alcanza un nivel efectivamente político, como también es político su trasfondo. No ha sido ciertamente Esperanza Aguirre la primera en politizarlo, como aseguran los que siempre miran la realidad con un ojo abierto y otro cerrado: aunque las argumentaciones escuchadas en el Parlament no sean de corte nacionalista, sin una motivación de fondo nacionalista no habría habido iniciativa popular ni probablemente ésta hubiera llegado al punto actual. Lo resume muy bien un chiste aparecido en La Razón: un litigante muestra un rehilete, con el palo decorado con el característico papel rizado rojo y gualda, explicando: "Esto es una banderilla; la parte de abajo causa heridas leves al toro y la parte de arriba hay que reconocer que ha causado esta comisión". Claro que mejor que el debate sea en último término político, pues para eso se lleva a cabo en un Parlamento, que moral, como absurdamente suponen algunos. ¡No falta ya más que los Parlamentos decidan lo que es moral y lo que no lo es! Como parece que había quedado claro en otros casos -por ejemplo, el del aborto- el Parlamento no está para zanjar cuestiones de conciencia individual, sino para establecer normas que permitan convivir morales diferentes sin penalizar ninguna y respetando la libertad individual. Ahora, por lo visto, hay quien reclama del Parlament precisamente lo opuesto..."

Volvemos al chiste y la retahila sin decir nada concluyente. ¿Cómo no va a ser un asunto del Parlamento si la generalitat tiene  competencia legislativa y ejecutiva en la rama de los festejos.

¿Que Esperanza Aguirre no ha dicho nada? Eso lo dirá Savater que por visto oye por un oído y por el otro no. O tiene una visión de las cosas algo estrábica, según le conviene. La lideresa ha tomado partido por el asunto. Y su jefe del PP.

Y si detrás de la prohibición hay nacionalismo, ese es un asunto que no cambia la esencia del problema. Ya se sabe, la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

¿Es nacionalista la prohibición en Canarias, por cierto, mucho más coherente que la catalana en cuanto que prohibe todo tipo de maltrato animal? Pero ¿había que renunciar a la protección del toro porque se ha hecho una ley incompleta? ¿Son todas la leyes completas? ¿No se puen reformar y perfeccionar progresivamente? ¿Todo o nada?

Es decir, que hay que oporner a cualquier medida buena que propongan los nacionalistas. ¿No será eso, precisamente lo torpe, lo que fomenta y alimenta su nacionalismo? ¿Y que hace el españolista taurófilo? Pues, en vez de rectificar y apoyar lo que se debe, utilizar la cabeza para embestir, con los ojos cerrados y decir cosas que a los demás "españolistas", incluidos los torerófobos, que los hay y muchos,  dejarlo en ridículo y en una posición difícil para defender a España.  Porque España es todo: lo legislado y lo no legislado. Si trufamos nuestra historia de inquisiciones, guerras de religión, golpes de Estado,, etc., no nos extrañe que muchos quieran coger las maletas. También (es la única forma) se hace España actuando ejemplarmente.  Las palabras de Rajoy me recordaban a san Agustín: "los animales son máquinas". Muy respetuoso con la creación de "su" Señor. Vivir en un país cuyo posible futuro jefe de Gobierno piensa así da miedo.

"Lo digo porque en lo tocante a la moral, que es cuestión a la que he dedicado cierta perpleja atención durante bastante tiempo, no hay tanta unanimidad respecto al trato debido a los animales como algunas almas delicadas parecen suponer. Existen más razonamientos éticos en el cielo y en la tierra de lo que la filosofía de Peter Singer supone y no es lo mismo ser bueno que ser guay, aunque el matiz diferencial pueda resultar difícil de captar hoy en países como el nuestro. El repudio de la crueldad (no digamos "innecesaria", porque si fuese necesaria ya no sería crueldad) y del maltrato animal es moneda corriente en los moralistas desde Tomás de Aquino, pero en cambio hay menos unanimidad a la hora de establecer qué diferencia a esas prácticas perversas de otras formas del empleo humano de las bestias. Y ahí es donde esta discusión se hace desde un punto de vista teórico más sugestiva: ¿qué hemos hecho y qué hacemos con los animales?, ¿en qué medida la relación con ellos ha configurado nuestra civilización e incluso nuestra "humanidad"?"

Claro que no hay unanimidad respecto al trato debido a los animales si partimos de la base de que hay que ser bárbaros. Y menos aún si uno es chacinero, ganadero o torero. Y menos menos menos si la esencia de las españas reside en este irracional gusto por la crueldad (innecesaria).

Efectívamente:  no es lo mismo ser bueno, que ser guay. Pero no escojamos ser malísimos para no ser super-guays.

La humanidad evoluciona (o no) a pasos. Lamentablemente no podemos dar el salto necesario. Pero no por eso recurramos a sofismas ininteligibles que en definitiva ocultan cosas como que le gustan a uno los toros y las carreras de caballos, es decir, que no estamos dispuestos a renunciar a nuestra barbarie. Muy cómodo. Luego escribamos libros ejemplares para que los niños opten por la "excelencia". Y también sabemos que les gustan los animales, con patatas, por supuesto.

Almas delicadas. Ya esta frase define la hipocresía del párrafo, puestos a llamar hipócritas a los demás. Que rápidamente se nos ve el plumero.

¿Lo necesario no es crueldad? Que lejos estos seudo intelectuales de aquellos verdaderos intelectuales,, como Romain Rolland, que se negaban a fomentar el belicismo aunque defenderse de los alemanes fuera aparentemente necesario. Siempre hay otras vías, otras actitudes.

Y cuando los seudo-intelectuales le preguntaban: ¿Y quién defenderá a Francia? él respondía: que los militares hagan su trabajo y los intelectuales el suyo.

No tiene Savater tipo para hacer el paseillo.

"Para empezar a comprender estos asuntos es imprescindible retroceder bastante en el tiempo. Digamos hasta el comienzo de la historia. El desarrollo de la sociedad humana se basa desde el principio en la utilización de animales para nuestros fines: nos han servido de alimento ("todo lo que nada, corre o vuela... ¡a la cazuela!"), de fuerza motriz tirando de carros o haciendo girar norias, de transporte y de arma de guerra (¡los escuadrones de Alejandro, los elefantes de Aníbal!), sus pieles curtidas nos han vestido y nos han calzado, han arado los campos, han defendido nuestras casas y nuestros rebaños (¡también formados por animales!) y -supongo que lo más humillante de todo- nos han servido de pasatiempo en circos y otros espectáculos, nos han hecho zalemas como mascotas de compañía y han trinado en jaulitas a la espera de su alpiste. Por no mencionar a los que han donado involuntariamente -y a veces aún vivos- sus cuerpos a la ciencia para el avance de la medicina, la cosmética y hasta la astronáutica (¡Laika, pionera del Sputnik!). Nos han sido imprescindibles para evitar males mayores: el antropólogo Marvin Harris justificó que los aztecas se comiesen a sus prisioneros por la ausencia en su territorio de mamíferos de talla suficiente para poder convertirse en fuente de proteínas y Jared Diamond explica el rezago de ciertas poblaciones africanas por carecer de bestias domesticables que pudiesen servirles para el transporte o la carga. Si tantos y tan variados empleos son formas de maltrato, hay que reconocer que la civilización humana se basa en el maltrato de los animales."

Savater está sufriendo los embates del tiempo, es evidente. Esto si que es casi apología del terrorismo. Dígale ahora a un escolar  que no jinche a jostias a un compañero que le ha mirado de reojo.

Ya decíamos que aquí hay confrontación no de nacionalismo y españolismo, sino de conservadurismo y progresismo.

Con esos argumentos veo a la CEOE invocando la institución de la esclavitud para justificar la reforma laboral. "Para empezar a comprender estos asuntos es imprescindible retroceder bastante en el tiempo",  toma ya. Y claro, los antitaurinos somos unos iletrados mariposones que vuelan de flor en flor y que nada sabemos de historia.

Por esta vía veremos que Adolfo Hitler y su espacio vital eran razonables, ya que "el antropólogo Marvin Harris justificó que los aztecas se comiesen a sus prisioneros por la ausencia en su territorio de mamíferos de talla suficiente". Cuando los ingleses prohibieron la caza del zorro, ¿se hicieron estas sesudas y truculentas reflexiones?

Por supuesto que la civilización humana se basa en el maltrato de los animales, y eso es lo que los antitaurinos tratan de evitar, de superar, con fuerza o sin ella, por partes o enteramente. Que no se pueda lograrlo totalmente, no significa que no se deba intentar.  

"De modo que resulta un poco risible el argumento abolicionista de "que le pregunten al toro si le parece arte que le piquen o le den la puntilla". Tampoco nadie le pregunta a la merluza si quiere donar su cogote a las sociedades gastronómicas o a los bueyes si quieren tirar del arado. Ni a perros, gatos o caballos de carreras si quieren ser castrados por nuestro bien. Porque en el caso del debate actual debe quedar claro que no se trata de introducir en nuestra cultura las corridas, sino de prohibir una práctica secular. ¿Que no sería hoy admisible iniciarlas? Imaginemos si aceptaríamos con los valores vigentes empezar a criar animales para alimentarnos con ellos. Me parece estar oyendo a quienes contemplasen corretear a unos pollos o a unos terneros: "¡Qué ricos son! ¿Verdad? Me refiero a que parecen sabrosos...". Reconocemos que en los mataderos o las granjas avícolas industriales los bichos no lo pasan nada bien, pero se arguye que en tales lugares no se venden entradas para el espectáculo. Sin embargo, el argumento se vuelve contra lo que intenta demostrar, pues si fuera verdad que los espectadores disfrutan con el sufrimiento animal frecuentarían esos dignos establecimientos en lugar de las plazas de toros. Otros se escudan en que no es lo mismo sacrificar animales para atender nuestras necesidades que para satisfacer diversiones o lujos. Pero, como señaló Valéry, "tout ce qui fait le prix de la vie est curieusement inutile". El asunto de fondo sigue siendo el mismo: ¿tenemos derecho o no?, ¿es crueldad o no?"

El asunto de fondo no son esas mistificaciones interesadas (¿quién estará detrás de este artículo afirmaría yo sin ganas ni convicción?). El asunto tiene muchas caras, y una de ellas, fundamental, y que tan ínclito filósofo no quiere tratar;  es la ejemplaridad, el análisis de qué hay dentro de nuestras cabezas y  valores (muy débiles, por lo visto) que nos permiten disfrutar con la tortura (que por cierto, para la rancia RAE no existe respecto a los animales). El fondo también está en no inferir dolor gratuíto, en saber empatizar cualquier sufrimiento, en superarnos y no dejar que nuestros impulsos se desaten hasta matar a puñetazos y patadas a una vaquilla. En sobreponernos a nuestros INSTINTOS  y hacer de la cultura algo válido. Freud, según los argumentos de Savater debía ser un estúpido, en cuanto que afirmaba que la verdadera misión de la cultura es evitar la violencia. Después de la inmersión que el filósofo ha hecho en la barbarie, en el pasado más remoto, seguramente le parecerán unos estúpidos aquellos indios que antes de cazar a un animal le pedían perdon. Que acto tan gratruito, ¿ verdad? ¿Habrá que preguntarle a los dinosaurios?

Según la argumentación de Savater, sobra la ley protectora de la mujer, de la dependencia, y todo aquello que pretenda corregir lo negativo de ayer y anteayer. Ya decía darwin que no sobreviven ni los más fuertes ni inteligentes, sino los que mejor se adaptan (y reptan).

¿Tenemos derecho? Que pregunta para un filósofo que da lecciones de derecho. El derecho se basa en su capacidad coactiva. Si no puede imponerse, ya no es derecho. Ese es el abc del derecho. Eso lo sabe cualquier estudiante inicial. Es la primera aclaración en derecho natural.

¿Es crueldad? Que pregunta. ¿No decía más arriba que el daño innecesario sí es crueldad. ¿Para qué es necesaria una corrida de toros? ¿Para la unidad de la patria? ¿O para que algunos digan sandeces?

"La preocupación por el bienestar de los demás seres vivos obtuvo el patronazgo de notables ilustrados -Montaigne, Jeremy Bentham, Schopenhauer...- pero también el refrendo de algunos que mostraron humanitarismo con las bestias y bestialidad con los humanos: las primeras leyes europeas protoecologistas de protección de la Madre Tierra y de los animales fueron dictadas por el vegetariano Adolf Hitler. En cualquier caso, la sensibilidad hacia el sufrimiento de otros vivientes es un signo de la modernidad. A ella se deben medidas piadosas como el peto de los caballos de los picadores (impuesto por el dictador Primo de Rivera) o el suavizamiento de los obstáculos más peligrosos en la carrera del Grand National de Liverpool. No son desdeñables, pese a que ello implica que los animales van desapareciendo de nuestras vidas urbanas -circos, zoológicos- para hacerse sólo presentes virtualmente en los documentales de la televisión. Es una tendencia que continuará y que sin duda también acabará mañana afectando las corridas de toros, si no son abolidas. No revelan acercamiento a la naturaleza, sino el predominio humanista de dos instancias desconocidas en ella: la compasión y la hipocresía. Ambas, en su dialéctica perpetua, espiritualizan nuestra vida. Yo me quedo con el arrebato de Nietzsche en la plaza Carlo Alberto de Turín, abrazado llorando al cuello del viejo caballo fustigado por su cochero. ¿Síntoma de locura o comprensión abismal de la irreductible desdicha de existir?"

Sabía que la mención de Adolfo Hitler era pertinente. Según ese argumento, como Hitler era vegetariano, nosotros debemos comer carne, y como la mayoría de los nazis querían a sus hijos, nosotros debemos odiarlos.Lo correcto es lo correcto, lo haga Hitler o su secretario. No se puede ir por el mundo con esa cosmogonía de la tontería. Hitler, nos guste o no, era correcto en ese aspecto.

No sería mejor concretar y para saber si es correcto plantearse a su vez si lo es: 1) Propiciar la cogida de un  torero. 2) Hundir acero y más acero en la carne de un ser vivo, con sistema neurovegetativo completo. 3) Propiciar el desventramiento de un pobre caballo, que nunca ha tenido el honor de ser presentado a la Historia de España. 4) Incorporarlo como una de las enseñanzas que se le de a un niño (ahi está la foto de Marichalar con un niño, supongo que su hijo...aunque... si lo pueden ver en la televisión (Canal Sur horas y horas, con su correspondiente panegérico).

Al final habrá que leer el Mein Kampf para saber qué hacer.

 En realidad parece que a Savater le han hecho una mala faena (taurina) en El País y le  le han mezclado el artículo con uno antitaurino? No se puede entender de otra forma. Dice: "Ambas, en su dialéctica perpetua, espiritualizan nuestra vida. Yo me quedo con el arrebato de Nietzsche en la plaza Carlo Alberto de Turín, abrazado llorando al cuello del viejo caballo fustigado por su cochero. ¿Síntoma de locura o comprensión abismal de la irreductible desdicha de existir?"

Pero si esto es lo que nos pasa a los antitoreros constantemente, en el caso de los toros, vacas, ovejas, perros, serpientes, ratoncillos que las alimentan y venden en tiendas...

Pues si dice esto, abrácese al cuello del toro, y evite que prosiga la corrida. Y pare de confundir a la gente sirviendo, en definitiva, a su amo y señor, el que, y eso no se dice, está luchando por la peseta, a costa de lo que sea. Y menos zarandajas de España y la unidad universal en el destino.  Que se trata de hacer algo similar a lo que han hecho en Inglaterra, prohibir un barbaridad como la caza del zorro, sin que nadie haya planteado: ¿y entonces, los insectos que pisamos?

Pues claro, y también eso como cuestión de fondo.

Fernando Savater es escritor.

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Joaquín Martínez

Joaquín Martínez dijo

Gracias por haber traído el artículo de Savater, y gracias también por tus comentarios.

30 Julio 2010 | 02:56 PM

luism

luism dijo

Gracias ati, pero hay que esperar un poco a ver si aparece en internet el artículo que tú comentaste. este es de marzo, pero supongo que el sofisma no habrá cambiado.

30 Julio 2010 | 09:44 PM

Joaquín Martínez

Joaquín Martínez dijo

Vuelve el Santo Oficio

Fernando Savater en El País, 290710.

Por supuesto, no es el caso presentar argumentos a favor o en contra de mantener las corridas de toros, como suele decirse: quienes tienen que justificar la insólita medida son los que han decidido prohibirlas parlamentariamente. Hay gente a la que le gustan los toros y otros muchos que no han pisado una plaza en su vida o que sienten repugnancia por la fiesta: es la diversidad de los hijos de Dios. Pero que un Parlamento prohíba una costumbre arraigada, una industria, una forma de vida popular... es algo que necesita una argumentación muy concluyente. La que hemos oído hasta la fecha dista mucho de serlo.

¿Son las corridas una forma de maltrato animal? A los animales domésticos se les maltrata cuando no se les trata de manera acorde con el fin para el que fueron criados. No es maltrato obtener huevos de las gallinas, jamones del cerdo, velocidad del caballo o bravura del toro. Todos esos animales y tantos otros no son fruto de la mera evolución sino del designio humano (precisamente estudiar la cría de animales domésticos inspiró a Darwin El origen de las especies). Lo que en la naturaleza es resultado de tanteos azarosos combinados con circunstancias ambientales, en los animales que viven en simbiosis con el hombre es logro de un proyecto más o menos definido. Tratar bien a un toro de lidia consiste precisamente en lidiarlo.

No hace falta insistir en que, comparada con la existencia de muchos animales de nuestras granjas o nuestros laboratorios, la vida de los toros es principesca. Y su muerte luchando en la plaza no desmiente ese privilegio, lo mismo que seguimos considerando en conjunto afortunado a un millonario que tras sesenta o setenta años a cuerpo de rey pasa su último mes padeciendo en la UCI.

¿Son inmorales las corridas de toros? Dejemos de lado esa sandez de que el aficionado disfruta con la crueldad y el sufrimiento que ve en la plaza: si lo que quisiera era ver sufrir, le bastaría con pasearse por el matadero municipal. Puede que haya muchos que no encuentren simbolismo ni arte en las corridas, pero no tienen derecho a establecer que nadie sano de espíritu puede verlos allí. La sensibilidad o el gusto estético (esa "estética de la generosidad" de la que hablaba Nietzsche) deben regular nuestra relación compasiva con los animales, pero desde luego no es una cuestión ética ni de derechos humanos (no hay derechos "animales"), pues la moral trata de las relaciones con nuestros semejantes y no con el resto de la naturaleza.

Precisamente la ética es el reconocimiento de la excepcionalidad de la libertad racional en el mundo de las necesidades y los instintos. No creo que cambiar esta tradición occidental, que va de Aristóteles a Kant, por un conductismo zoófilo espiritualizado con pinceladas de budismo al baño María suponga progreso en ningún sentido respetable del término ni mucho menos que constituya una obligación cívica.

¿Es papel de un Parlamento establecer pautas de comportamiento moral para sus ciudadanos, por ejemplo diciéndoles cómo deben vestirse para ser "dignos" y "dignas" o a que espectáculos no deber ir para ser compasivos como es debido? ¿Debe un Parlamento laico, no teocrático, establecer la norma ética general obligatoria o más bien debe institucionalizar un marco legal para que convivan diversas morales y cada cual pueda ir al cielo o al infierno por el camino que prefiera?

A mí esta prohibición de los toros en Cataluña me recuerda tantas otras recomendaciones o prohibiciones semejantes del Estatut, cuya característica legal más notable es un intervencionismo realmente maníaco en los aspectos triviales o privados de la vida de los ciudadanos.

En cambio no estoy de acuerdo en que se trate de una toma de postura antiespañola. No señor, todo lo contrario. El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros pero de paso reinventa el Santo Oficio, con lo cual se mantiene dentro de la tradición de la España más castiza y ortodoxa.

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Fernando Savater es escritor. En septiembre aparecerá su libro Tauroética, un ensayo sobre nuestro trato con los animales y la cuestión taurina.
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Este es el famoso artículo, que he encontrado por casualidad en un blod de LC. Saludos.

1 Agosto 2010 | 10:13 AM

luism

luism dijo

Gracias, Joaquín. Que desesperante, verdad, que las tonterías tengan editoriales y que se censuren y veten a autores lúcidos.

Tauroética: siempre recuerdo al hijo de Marichalar, con esa carita nada tranquilizante, vindo cómo le enseñan a normalizar la tortura.

Gracias

¿Este es el artículo del viernes del viernes?

1 Agosto 2010 | 12:36 PM

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CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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