¿Dos o una España?
Se empieza a percibir la sensación de que efectívamente hay dos Españas, y que al menos dialecticamente, son irreconciliables. Esto se evidencia sobre todo a raíz de la crísis económica, que ha descarnado los problemas.
Durante un tiempo vivimos en una especie de limbo, conformado entre un sistema social que empezaba a paliar ciertas carencias, y una euforia triunfalista que no nos permitía ver la realidad que había tras la apariencia.
Seguramente, por haber vivido tan mal durante cuarenta años, cualquier cosa que nos dieran nos contentaba, aparte del consenso general que había sobre posibles involuciones. Este consenso fue, en cierto sentido, el generador de ese voto útil que, de mal menor ha pasado a el peor de los males. Esto siempre ocurre con este tipo de males, pero es habitual olvidar los resultados, lo cual renueva constantemente la fórmula, que aparentemente es la más cómoda.
Múltiples factores han intervenido para que todo esto sea así, pero principalmente la mentira y el miedo. No hace mucho, le preguntaban a un economista famoso, íntimo de Murdock, qué pensaba del paro en España (cuatro millones en aquel momento). Ël se echó a reir y contestó que ningún país del nivel de España soportaría un paro de esa índole. Que nuestros grandes problemas eran la economía sumergida y el fraude fiscal. Que el Estado no percibía los ingretos que necesitaba para que su economía fuera saludable. Este economista es neoliberal, es decir, que nosotros nos situamos en una posición ultraliberal. Del fascismo al anarcocapitalismo.
La realidad es que España salió de una dictadura y recuperó parte de lo que había perdido en 40 años. Italia y España tenían similar PIB en 1936. En 1976 el PIB de España representaba el 65% del Italiano (y ambos países pasaron por guerras y fascismos).
Durante los primeos momentos de la recuperación de España, la derecha permaneció agazapada y en cierto sentido encogida, operando otra derecha más civilizada, que fue la de la UCD. Quizás fue una táctica de distracción. Así lo hizo la Iglesia durante la época de denucia del Concordato, para luego ir elevando progresivmente la voz y las exigencias..
Respecto a la izquierda esta se moderó tanto que terminó por dejar de serlo. Mientras tanto, la UCD caía víctima de un proceso de autofagia y de dentelladas exterores por parte de un PSOE dominado por sus ansias desmedidas de gobernar. Todo esto provoca la muerte de la UCD y su sustitución por una derecha radicalista que hoy parece más un neofranquismo que una derecha a la europea.
La cuestión es que esta derecha ha perdido definitivamente el miedo y se envalentona día a día. Seguramente todo comenzó con el intento de golpe de Estado de 1981, el chiste de Reagan (1) y el hundimiento mundial de los valores progresistas.
Hoy estamos a la cola de los 15 primeros países de la UE en gasto social, con un paro desproporcionado o de gente que no cotiza a la SS (demasiada mano de obra de reserva) y un 65 % de los españoles cobrando bastabte menos de 1.000 € al mes.
Con este panorama, y con una izquierda que reculó hacia el centro, y después hasta el centro derecha, la derecha de hoy está intratable y lo quiere todo. Y esa intratabilidad no se da porque tenga razón, o parte de razón, sino porque lamentablemente esa es su esencia. No renuncia a un pasado en la que era dueña exclusiva del país, como si de un gran latifundio se tratara.
Y ese es el problema de las dos Españas: una rancia que hoy gobierna parte de España y que no está dispuesta a compartir nada, y otra sin médula ni identidad, dispuesta a entregarlo todo con tal de sobrevivir como sea, lo cual le impide plantar cara a sus contrincantes electorales (no hay mayor pendencia programática). .
En el aspecto social, involución tras involución, mientras los empresarios y banqueros españoles obtienen beneficios bastante superiores a la media de la UE.
En el aspecto laboral, más involución y más involución reclamada, a pesar de que el PSOE se ha dejado hasta el último girón de identidad en la carretera.
En el aspecto moral, escándalo tras escándalo, que no es lo más grave, sino que se ha vuelto tolerado y casi normal. La corrupción de la derecha salta por toda la geografía nacional, y ellos levantan la voz y se carcajean: es decir, que les importa un pepino el posible (y no seguro) reproche del pueblo español.
Por otra parte, critican al gobierno, y no siempre sin razón, pero con un descaro impresionante, ya que lo que reprochan al gobierno es precisamente lo que ellos mismos hacen en sus comunidades y pretenden hacer en el Estado para cuando ganen las elecciones.
Prueba de su desfachatez la tenemos en actos indiferentes e incluso innecesarios; por ejemplo, el gobierno socialista en su política antisocial carga los déficits de la crísis sobre los hombros de los funcionarios y de los pensionistas; entonces salta esa derecha rancia proclamándose legítimo representante y protector de los trabajadores (el PPOE?) que sin culpa han pagado el pato. Pues bien, al poco tiempo, la comunidad de Madrid, de derecha rancia y algo más, aplica el mismo recorte a los trabajadores laborales de las empresas de la comunidad, cuando el decreto del gobierno socialista sólo afecta a funcionarios de carrera. Y ello sin el menor sonrojo.
Y no digamos ya en el aspecto de la moralidad y de las (buenas) costumbres. No nos extrañe que al final la iglesia termine estructurando nuestra moralidad cotidiana y constituyéndose en el pecho nutricio de los principios generales de derecho, tal como ocurría con las leyes fundamentales del movimiento y el fuero de los españoles, que así lo proclamaban en sus textos. Es decir, que una iglesia casi decimonónica está siendo uno de los arietes más virulentos contra los derechos de un Estado que todavía no tiene claro si no terminará, al menos de hecho, con presupuestos confesionales.
Y no cabe diálogo alguno. La izquierda recula vergonzosamente, sin ninguna dignidad, abrazando presupuestos ultraliberales que no le corresponden y la derecha demuestra que aquí no cabe ni diálogo, ni transación, ni transición a una España definitivamente moderna.
Día a día esa izquierda hace dejación de sus obligaciones respecto a la clase que se supone representa, con un sentido entre patrimonialista, y a la vez servil, de la gestión de la cosa pública.
Patrimonialista porque Zapatero, cuando se refiere a sus medidadas antipopulares, se reafirma en que seguirá adelante, aunque hipoteque "su" futuro electoral. Pero claro, él, como "socialista" que se dice, debería saber que el futuro electoral no le pertenece en exclusiva, ni a al católico Pipiño, ni a la taurófila Sinde, ni a la millonaria Salgado, ni a su partido, sino a la clase a la que debería proteger. Es decir, que esa obligación es indisponible, si de verdad no estamos de nuevo en un cortijo.
Y servil porque ese autodespellejamiento es para servir los intereses de clases medias altas para arriba, que no son pecisamente su clientela má directa.
Y es que hemos vuelto a unos tiempos cuasi decimonónicos, donde España estaba muerta tras el desastre de Cuba, y a los gobernantes lo único que les interesaba era el "todo para mí".
Estos políticos y sus carencias no se corresponden a los de un país que debería avanzar progresivamente y no retroceder.
Sin embargo, no caben concepciones en las que la estructuración correcta del Estado se entienda como una necesidad y sea admitida por todos; donde la razonabilidad de las medidas que se tomen esté en manos de personas que sepan de qué tratan y sepan a la vez evaluar los peligros de cualquier extremosidad absurda (y las extremosidades no son patrimonio exclusivo de las izquierdas: el glorioso alzamiento nacional fue una extremosidad católica e innecesaria); un país capaz de establecer un territorio mínimo de acuerdo básico, donde la finalidad sea asegurar esa plataforma, y no como ocurre ahora, donde cada uno (Estado, comunidades, ayuntamientos, partidos, sectores profesionales, clases) tira para donde más le conviene en su micro concepciòn política.
Ahora mismo estoy oyendo, más que escuchando, a un concejal socialista que está disertando sobre el profundo asunto de la Feria, y en contra de que se establezcan más "pubs" en ella, invoca la esencialidad de las tradiciones andaluzas. El lenguaje del concejal del PP es similar, aunque la esencialidad va en el sentido de las "libertades" en pos del "negocio".
Estos son los bipartidistas que nos han de salvar, con su lenguaje arcáico y mesiánico (por curiosidad, leánse discursos de la FET de las JONS).
Está claro que ahora ha dado por lo lírico-folclórico para estructurar a España.
¿Será todo producto de un gran acuerdo para que nos duelan los zapatos (cosas de moral y buenas costumbres) y nos olvidemos del dolor de bolsillo?
En ese caso no sería cosa de dos España, sino aún peor, de una, igual de obcecada a si misma.
(1)
Telegrama a Reagan de la embajada de EEUU en España:
"Golpe de estado fracasado".
Respuesta:
"Recibido: Reagan".
Nota: Reagan sin h intercalada.




Anna dijo
Bueno, como puedo escribir esto. Siempre ha habido dos España(s), y creo que se podría resumir en Comunidades de "Clase" Alta, y Comunidades de "Clase" Bajo.
Por mucho que lo queramos evitar hay comunidades (la mayoria, por no decir todos) en el norte, que tiran de España, tienen las mayores rentas per capitas, gobiernos, diputaciones etc... propios, y eso hace que se administren ellos a su gusto, cosa que otras comunidades (vease Andalucia) no pueden hacer ni de lejos.
Politicamente tenemos unos politicos de risa, que daria yo por un Sarkozy o una Angela Merkel en España.
Eso sin contar que la ley de extranjeria debería de ser mucho más dura, sin lugar a dudas, las laeyes de extranjeria en Alemania son bestiales, al igual que en Francia.
Ademés de eso le añadimos que en España la diferencia de educación academica entre las comunidades es abrumadora y el sistema de trabajo tambien.
Siempre habrá dos Españas, y gracias adios me a tocado vivir en la buena.
31 Julio 2010 | 01:28 PM