¡Que vivan los toros!
Resulta sospechosa la coincidencia que se produce en tantas cosas en la prensa independiente. Por ejemplo ¿cómo ha logrado ponerse de acuerdo en denominar nacionalismo a la pretensión separatista de algunas comunidades autonómicas?
No ignoramos que las agencias (monopolios de la información) nutren a esa prensa. Pero hay algo más que coordina tanta "independencia informativa" en las provincias del imperio romano.
La nación es España. Ese debería ser el impulso de una prensa que es española, que se distribuye en todo el espacio nacional (ellos dirían estatal) y que además ¿para qué vamos a ponernos moños? es de derechas.
Sin embargo, así es: los catalanistas son nacionalistas y los nacionalistas españoles, españolistas. Seguramente en cualquier otro país, no tan jesuítico como este, unos serían nacionalistas y los otros catalanistas (o separatistas).
Y la realidad es que esa misma prensa del anarcolenguaje ultraliberal pondría el grito en el cielo si mañana Cataluña cogiera las maletas y se dispusiera a convertirse en nación.
Durante un tiempo se les llamó soberanistas, pero parece que hay una inflexión en el término o al menos así me parece.
Creo que a demasiadas cabezas de huevo calenturientas, a lo Harvard y a lo Chicago, le hieven los sesos. Luego pasa lo que pasa. Imagino nuestra política llena de genios de la tontería elucubrando permanentemente qué sandez torticera van a soltar.
Todo esto para no resolver nada. Un poco como los malos estudiantes, que trabajan más para no estudiar, que si estudiaran sin trampas. Nos encanta resolver las cosas por la vía torcida, en vez de enfrentar los problemas de forma directa y clara.
Todo eso suele ocurrir cuando lo que principalmente se hurta es la justicia. A partir de ahí se comienza a hacer equilibrios ideológicos y lingüisticos que casi siempre no convencen a nadie y terminan mal.
Como hay que contentar a múltiples minorías poderosas hay que confundir con galimatías ininteligibles al resto del personal, principalmente al que vive de un salario y paga el pato o la gansada grouchiana en solitario, como ha ocurrido recientemente con la crisis económica "planetaria", recurriendo a la terminología leirinesca (el encuentro Obama-Zapataro sera un encuentro planetario; se ve que no ha leído los informes de la CIA para quien la propia colaboración británica es secundaria e inferior a la que representa la de Colombia).
Pero, claro, no podemos iniciar una reflexión en la que se destaque la importancia de la solidaridad, de la unión, de la igualdad, de la integración,de la ayuda mútua, etc, porque un mundo basado esencialmente en la diferencia de clases tiene que ocultar ideas de ese tipo. Y así, un empresario multimillonario catalán y nacionalista es más rojo que un asalariado español en huelga, pongamos por caso, que se proclame a favor de una España social unida.
Ocurre como con la solidaridad de género. Están más próximos un miembro femenino de un gran consejo de administración y sus asalariadas, que esas asalariadas y sus compañeros masculinos de trabajo. Al menos esa es la visión idílica que se fomenta en la prensa y demás instancias del despiste.
En definitiva, que el lenguaje ""soberanista" es muy de izquierdas. Por ejemplo, nuestros impuestos para nosotros (y los de los demás también)... y que las regiones pobres se fastidien en soledad, que para eso son ignorantes, atrasadas e inferiores (y están preferentemente en el sur, donde los niños nacen con dos cabezas).
Qué bien lo definía el escritor del Imperio, Rudiard Kipling: el sofisma del orbe encanallado... Como sigamos así, España será, frente a las 17 naciones, la comunidad intra-nacional.
Pero, claro, si los argumentos que ofrecemos para explicar que la solidaridad es más inteligente que el egoísmo y la dispersión, son del tipo "¡Que vivan las corridas de toros y sus matanzas!" seguramente a los soberanistas les bastará con cerrar la boca y seguir tomando medidas ejemplarizantes y atrayentes.
Porque no hay reglas fijas. El equilibrio es la clave, y cualquier argumento que se desorbite terminará por tener un efecto negativo. Aquello de Victor Hugo de que la máxima del sabio es no exagerar nada excede los niveles de los cabeza de huevo de turno.




Paula Martín dijo
acabo de escribir un post sobre el mismo tema!!!! completamente de acuerdo contigo.
3 Agosto 2010 | 02:08 PM