Vuelven, únete a la lucha...
Atención, regresan. Se van de Irak, pero vuelven aquí. Ojo, son peligrosos. Mucho más que Maki Navaja, Popeye y Mojamé juntos. Y entre todos suman 400, 500 años de experiencia. Uno sobre otro, podrían llegar hasta Isabel la Católica que está en los cielos, que también le iba eso de la acción, de los infieles, y de la certeza sobre culpabilidades, pero con ballesta.

Se llaman los mercenarios; glorioso nombre, gloriosa profesión, gloriosos antecedentes históricos. Nombre dignísimo. Un honor. ¿Su misión? Liberar países de su riqueza y proclamar a los cuatro vientos que los héroes son norteamericanos. Ya se lo exigió un presidente de la cosa a Jolijú: "Guerra que perdamos, guerra que habrán de ganar Vds. en una película".
En esta ocasión, la Casa de Cartón ha establecido que luchen contra un dictador sudamericano. ¿Quién será? Mi botella de JB que no bebo para quién acierte. Pista: los soldados terroristas llevan boinas rojas. ¿A quién recuerdan? No es fácil, la película está muy oscura y es imposible saber quienes son los blancos, los negros, los rojos, los amarillos, los buenos, los malos, los bolivaristas y los gringos.
El único dato disponible es que unos se dedican a escupir fuego por las bocas de sus monstruos de tecnología supersofisitcada y los otros se limitan a saltar por los aires y rodar por el sueño como guiñapos; y si disparan alguna vez, fallan indefectíblemente. Que ese es el designio del imperio.

Todos ellos mitos (de la mentira y de la fantasía). Grandes mitos ganabatallas del celuloide. No hay problema militar si se tiene un buen director de cine.
Tenemos a Stallone, que a pesar de su edad aún contrae los biceps y estalla como un jovenzuelo ante las injusticias. Lo hemos visto boxear y ganar al ruso (que era sueco). Sabemos que expulsó de Afganistána a una división acorazada de soviéticos, y eso que en aquellos tiempos ya no sentía las piernas. Sabemos que con un arco y flechas él solo acabó con todo el vietcong, sin que nunca jamás se le cayeran las gafas. Lo hemos visto de policía justiciero sobre una gigantesca Harley Davidson, con un pistolón más largo que el de Harry el Sucio. Se les pudo oir discutir:
"Que yo lo tengo más largo".
"Que no. Que tú llevas silenciador".
Extraño que Harry no esté aquí. Hubiera sido interesante ampliar el arco de experiencia ¿75 años más? Seguramente lo han vetado porque una vez discutió con el preceptivo censor militar de su película por una frase más o menos desafortunada en el guión que el amigo Harry se negó a tachar.
Tenemos también al sonriente Bruce Willis, seguramente el benjamín del equipo, sólo 55 años. Toda una criatura. Nos encantará con su pelao y su sonrisa sempiterna. La sonrisa del régimen, intencionadamente fanfarrona ante el peligro como todo americano que se precie: "Un puto hombre debe hacer lo que debe hacer un hombre puto". Y de repente una explendorosa sonrisa que ilumina a la toda la bendita América, que Dios guarde, e insufla seguridad a su noble y generoso pueblo.

"¡Y por la libertad del rifle, que para eso somos mercenarios!" gritará él, efectívamente abonado a la asociación.
¿No deberían haber invitado también a Charlton Heston? 100 años más.
Estas películas nos recuerdan que nos encanta esa América risueña, desdramatizadora de las grandes tragedias pasándolas al celuloide. "Forastero, estás en tu país, pero me temo que de una patada en tu puto culo te voy a dar el pasaporte al infierno". Dicho y hecho. ¿Piden papeles en el infierno? Por supuesto que sí, no en balde asesor al diablo el gran Arnold Schwarzenegger, conocido también por el sobrenombre de Coñanzo el Bárbaro. Hasta hoy el portero más inflexible del imperio, que para eso hay tanto emigrante y él es extranjero.
Arnold es austriaco, y ya se sabe el dicho: "No hay peor astilla que la del mismo palo". Los emigrantes de California lo tienen más crudo que un sioux en una película financiada por un tejano.
Y este espíritu es el que seguramente se quiere llevar a la película: cómo expulsar de su propia tierra a los nacionales malos para que así el pueblo bueno lo pueda nombrar a él gobernador de cualquier provincia no pacificada, que ellos no se refugian nunca en la retaguardia.
Él siempre ha sido un hombre beligerante de frases inteligentes. "Sayonara baby". Dice que Austria no le gustaba por su socialismo (pero ¿no había ganado allí la extrema derecha?); y la capital, Viena, que es un coñazo de ciudad, plagada de teatros y salas de ópera. Esto es importante en boca de de un "icono" civilizatorio. Seguro que huyó de valses y amores dulzones. Demasié pal cuerpo de un mercenario-marine que sufre por el mundo.
Mickey Rourke, otro macho mo-s-truo de la América castigadora, con su nuevo rostro boxístico, más sonriente, encantador y duro que nunca. Otro tremendo luchador por la libertad, aunque lo suyo sean las risitas. Miky el risitas. Él sabe que a ellas les gusta.
¿No era el general de 58 estrellas, el honorable H. Norman "Stormin Norman" Schwarzkopf, héroe entre otras herocidades de la guerra de Granada, el macho más deseado de América?

(Sch. con el héroe de las armas de destrucción masiva, Colin Powell).
Ellas saben que Micky volverá con los laureles y con los pozos petrolíferos agarraos de una guita, y eso el imperio y sus mujeres, lo agradecen ofreciéndote una próxima película sobre victorias amorosas con monumentales actrices.
Del chino no hablo, que igual tiene conexiones con Taiwan. Además, no refleja exactamente el espíritu del "american way of rifle", Más bien parece una concesión a la globalización para que el "3er mundo miserable" disfrute de un cachito de gloria; aunque la realidad es que estos aliados blanditos siempre terminan con prisas y salen pitando sin terminar el trabajo.
El lenguaje y la tensión las imaginamos; todos al borde del histerismo al son de rock and roll. Seguramente alguno de ellos dirá, como el sargento Denzel Washington en una película sobre la "Madre de las batallas": "Recordad que soy el puto martillo justiciero de Dios". Toma ya, y era Sadam Hussein el dictador teocráta. Y: "Semper fidelis, hijos de puta del puto imperio, que todos sóis unos héroes...".
Después, con el the end una músiquilla melancólica, como queriendo decir: "Cómo pesa esto de cumplir con el puto deber y salvar al puto mundo sin que te den una puta palmadita en el hombro de puto agradecimiento".
En definitiva, esperemos que todo salga putamente bien y que a Stalone no vuelvan a molestarle como hicieron en Italia, que tuvo que coger a toda prisa un avión porque le informaron de que había por allí un comando libio muy malo.
Se echa de menos que para promocionar la película no prometan un paquetón de 5 kilos de palomitas y una entrada gratis para "Niños Grandes", todos muy fortachones también.

Por cierto ¿qué hemos de ser, niños grandes o mercenarios cabeza-botes, como dicen los marines?




Joaquín Martínez dijo
La banalización de la violencia en el cine, y en la televisión, es uno de los grandes dramas de esta sociedad. Como las bombas, tiene efecto retardado.
14 Agosto 2010 | 07:10 AM