No con charanga y pandereta al rey
Últimamente a la España profunda le ha dado por el discurso grandilocuente. Todo para ella es cultura y expresión de eternas esencias atávicas. Como no estemos alerta, a España pronto se la representará con una de aquellas alegorías que mezclaban fe, virilidad e ideología. Por ejemplo, en la versión actualizada, un feriante, un torero y un futbolista .
De nuevo han desplegado pendones y se sienten representantes exclusivos de la patria. Y de nuevo, su discurso huero, recurriendo a la altisonanacia para que el ruido oculte la vaciedad.
Es el ambiente de verano. Hoy los taurinos le han escrito una carta al rey, y la cierran así:
"Con esta carta queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento por el cariño demostrado hacia este fenómeno cultural, histórico, patrimonial y tan español, aunque con tintes internacionales, como es la Fiesta Taurina». Gracias, Majestad".
Si se pesan juntos tantos adjetivos, no hay balanza en el país que los sostenga: "fenomeno cultural, hístórico, patrimonial, español, internacional". Poca cosa. La monarquía eterna y la tauromaquia hecha arte como expresión viva de la España inmortal. Toma ya.
Confiemos en que a los tiradores de pavas desde campanarios de la iglesias (hoy se denunciaba en tv) no les dé por escribir también al rey y suscribir las mismas esencias y sustancias.
Un tipo de lenguaje que por lo visto ha dado un salto descomunal. Antes íbamos simplemente de cachondeo. Ahora vamos a recoger las esencias patrias de las cuales somos depositarios eternos, eso sí, después de habernos tomado cuatro o más "cubatas" mezclados con "birras" y "mojitos", que tradicionalistas pero interculturales.

Al respecto le ha llegado el turno a Málaga, a su feria, y no faltan los discursos trascendentales sobre la importancia de estas cosas; y cualquiera que sea el asunto surge la ocasión para el lucimiento verbal torero.
En el Consistorio malagueño, por ejemplo, discutían PP y PSOE sobre el número de bares en el "Real" (toma ya otra vez) , y el del PSOE venía a decir algo así como que con tanto bar (pub) se estaba destruyendo la esencia andaluza de la feria malagueña.
Estos discursos, así aislados, hasta pueden resultar curiosos. ¿Quién sabe si España no ha redescubierto el camino del Imperio, y estos son sus heraldos más avanzados ejercitando el mandoble en pequeñas cosas? ¿Cómo se decía, la polar es lo que importa?
Pero estos ambientes se desinflan pronto cuando se sale a la calle y se ve la realidad.
De entrada, mucho alcohol. Los futuros guerreros del imperio, sin sus corazas, en camiseta de tirantes, pantalones pirata por debajo del culo, y en la mano unos vasos descomunales como gorros de ala ancha, no parecen precisamente prestos para aventuras trasatlánticas. Eso a las diez, once de la mañana, y quién sabe si no más temprano.
Más allá música, música de viento y percusión. No se piense en sinfónicas, sino en algo así como la banda del pueblo.. Pobres de los que vivan cerca. ¿Avanzarían nuestros gloriosos tercios al son de tal estruendo? No es extraño que fueran invencibles. Sólo se les hubiera podido oponer un buga de esos con la radio a tope dispersando por los confines el mensaje de Camela, Azúcar 0 (antes era doble azúcar) o Falete.
Si se mira a la derecha, una especie de tiendas de campaña, algunas con nombres religiosos, en las que no se interpreta el gregoriano, sino esa música electrónica que se desgrana noche tras noche en las discotecas de la costa. Pero no es la música el objeto del recinto, sino nuevamente el alcohol. Se habla fortísimo porque los vapores de la hispanidad se han subido a las cabezas.
Nuestros caballeros templarios, con los "músculos" abdominales muy desarrollados, no quieren saber estos días de ningún tipo de templanza, ni verbal ni líquida ni sólida. Tampoco su discurso recuerda a la España eterna, ni a la capitalidad cultural de 2016 --que no podría con tal ambiente--, ni a las esencias andaluzas, ni a las tradiciones rancias, ni a los atavismos victoriosos, ni a Lepanto, Sagunto, Numancia, Milán, Viena o Cartagena de Indias (que pena que nuestros verbo-héroes no hayan leído la biografía de Blas de Lezo ni sepan qué es la "oreja de Jenkins").
No, más bien parece que esa España inmortal queda reducida a un olor insopotable (que ya no es ni de alcohol) esparcido por el suelo, a rincones convertidos en improvisados urinarios, a unas cuantas y sañudas corridas de toros, a unos caballos reventados mortalmente bajo el peso de barriguos y beodos caballistas que han duplicado su peso con alcohol y reducido su consciencia hasta el extremo de ingnorar que un animal no puede soportarle durante horas, a otros caballos achicharrados al sol durante horas frente a la insesibilidad de varones y hembras felices, a unos sexagenarios que han recuperado la juventud al vestirse con tradicionales trajes que les sientan fatal (regruesan sus culos y vientres y afinan sus piernas) y que han perdido la compostura que es lo principal que nos queda cuando nos queda poco, y a borrachos, borrachos y más borrachos, que esa sí que es la esencia de estas fiestas.
Que pena que el rey se dedique a leer esas cartas taurinas de agradecimiento plebeyo y con minusválidas pretensiones intelectuales, y no inste a los plumíferos a escribir sobre cosas serias, como son nuestra Historia, sus errores, sus aciertos, sobre qué hacer para tener una Historia digna y decente definitivamente.
Malos designios tendría un rey cuyos consejeros privados fueran todos expertos de la cosa taurina, sobre todo cuando esa cosa divide a las Españas "suyas", quizás con más peso real en los detractores que en los aficionados (60% frente a 35%); mala cosa si se aferrara a una razón que cada día que transcurre muestra su sinrazón. Mala cosa si prefiere versos sobre charangas y panderetas a aquellos otros que nos recuerdan que heridos de muerte los que con sangre se divierten.
Que, después de todo, sus sabios consejeros taurinos no procuran otra cosa que su negocio, y no el negocio para España.
http://www.diariosur.es/v/20100817/malaga/once-detenidos-siete-heridos-20100817.html


