Es muy extraño: entre medios de comunicación venales y políticos de escasa solvencia, a nuestra democracia la han abocado a la demagogia. Y debe ser un mecanismo muy potente, porque va  agotando y extinguiendo a  órganos de expresión y políticos honrados y serios. ¿Será que al pueblo le va la marcha? ¿Será que le van los Fenando VII frente a los Carlos III?

¿Por qué esta reflexión? Simplemente porque soprende que un gobierno cuyo papel es aparentar que es de izquierdas, de repente le hayan entrado estas prisas para demostrar lo contrario. ¿Cómo nos vamos a creer así el bipartidismo frente al partido único?

La crísis pasada, a pesar de las duras repercusiones, al menos tuvo un efecto didáctico. Durante un breve tiempo disfrutamos de una situación en la que no era necesario que se demostrara lo evidente. Por fin afloraba con transparencia la realidad, lo que no podía ser de otra forma, es decir, que no hay una única política económica; por una vez se veía a esa tecnocracia  del pensamiento único conservador europeo achantada y señalada como el engañabobos de los desinformados; y por fin se demostraba que la política económica es preferentemente un dilema político que depende del orden de preferencia que los programas políticos se marquen.

Pero no, pasado un tiempo, aprovechado que tenemos débil la memoria, han vuelto a las andadas, a las contabilidades creativas que no tienen una sola clave verdadera.

En esto era experto el Partido Demócrata norteamericano, que sabía muy bien relacionar votos, impuetos y gasto social, de forma que quitando gasto social a quienes no votaban, y quitando impuestos a los que si votaban, ganaba votos en las clases sociales de renta media y superior que saben muy bien lo que quieren.

Estas triquiñuelas son normales y viejas.

Lo que no es normal es que un partido en el gobierno que va perdiendo votos según abre la boca, tenga tanta prisa por desacreditarse y perder las próximas elecciones. Con un doble efecto negativo:

1) Que perderá, además de las elecciones, la credibilidad para hacer oposición.

2) Que además no podrá hacer oposición porque le habrá dejado el camino limpio y allanado al partido que le suceda. Este, el partido sucesor, no habrá de quemarse por realizar su política de derechas, porque ya estará hecha por el gobierno que le precedió.

Se dirá que no puede hacerse otra cosa, que son los oscuros designios de la "responsabilidad" (y tanta). Pero no nos dirán por qué.

Al menos que recompongan el sistema electoral de forma que el espectro ideológico y el electoral reflejen la realidad del país y y así las responsabilidades políticas se distibuyan entre más.

Pero no. Si eso se pudiera hacer, se hubiera podido hacer antes una política económica y social progresista.

¿Qué batalla se avecina que tan afanados están todos en acumular capital?