Toreros y sacerdotes
O sacerdotes y toreros, que no se sabe bien la jerarquía. De cualquier forma, ambos tienen mucho poder en este país, y ambos, por lo visto, tienen encomendada la cosa del pensamiento elevado. Unos por una vía superior y más espiritual (Dios), y los otros por vía telúrica y autoadjudicada, por la cual han de representar al espíritu español, o mejor, hispano, que cubre más territorio.
¿No cabe relacionarlos? Parcee que sí. Por ahí hay un informe que sostiene que las plazas de toros de Portugal son de la Iglesia católica portuguesa y la plaza de Pamplona de la Iglesia católica española.
Por otro lado, que los toreros se persignen al salir a la plaza es un ritual cuasi religioso. Les protege contra cornadas de toros ateos y descreidos, y seguramente les reserva una pequeña huerta en el reino de los cielos, no vaya a ser pecado eso de matar animalitos.
Lo extraño de estas gentes, que de espiritualizadas que están a veces levitan y que contantemente invocan un lenguaje de principios y de compromisos, es que luego no cumplen con las "esencias" de su credo. Mecachis con estos ateos materialistas, se dirá, que siempre están buscando inútilmente las vueltas.
La cuestión es que casi todos los toreros son muy piadosos: La Virgen, la capilla, el signo de la cruz, las ofrendas, el lenguaje, las simpatías, todo, los vincula más con un espíritu conservador, más próximo al amo del latifundio y a la iglesia (qué le vamos a hacer si ha sido así históricamente) que al jornalero del paro cada dos por tres. Si no que le pregunten sobre su sueldo a la cuadrilla.
Por tanto. sería bueno que ambos (y olvidando la recomendación de San Luis Gonzaga de antes morir que leer) releyeran cosas de su incumbencia, para fortalecimiento y depuración de su alma eterna.
Por ejemplo, deberían releer (sabemos que la han leído todos, hasta Fran, que dice lee lo indispensable) la bula De Salute Gregi Dominici, en la que se prohiben terminante y perpetuamente las corridas de toros y se decreta pena de "excomunión inmediata para cualquier católico que las permitiera o participase en ellas". Aparte de la intemporalidad de las cosas de Dios, no tenemos noticia de derogación alguna, por lo que sigue vigente, aparte de que ha sido reiterada en ocasiones posteriores. No sería el primer mandato que incumplen los "creyentes".
Por las noches, igualmente, ambos podrían repasar el catecismo para reforzar su vocación directora sobre el mundo y meditar sobre el significado de estas palabras:
2415 El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).
2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.
Razonar y defender estos mandamientos, luchando contra pecados por acción u omisión, sí sería demostrar que se está verdaderamente por la esencialidad de las esencias y que se cree en lo que ordena la Iglesia, y por ende España, según ellos, cuerpo común.
Tiene gracia que ahora resulte que los que cumplimos con los mandamientos de la Iglesia seamos los no acólitos.



Joaquín Martínez dijo
Muy bien traídos a colación estos textos, que hablan en definitiva del sentido común. Para mí el lenguaje universal y verdadero es el sentido común. ¿Y qué es el sentido común? Es el sentido de todos, donde caben todos, de ahí lo de común. La exclusión atenta contra el sentido común.
27 Agosto 2010 | 05:42 PM