¿Educar, para qué, si la Iglesia calla?
La iglesia española no se resigna a la pérdida del monopolio de la enseñanza. Lo ha disfrutado durante siglos, y ahora que ve mermada su influencia denuncia falta de libertad en España. Las pruebas del nivel que alcanzaron sus diatribas contra los gobiernos que no atendíeron al pié de la letra sus pretensiones están en las hemerotecas.
No se puede enterder este lenguaje cuando todo niño o joven que lo desee tiene garantizada la enseñanza católica. Es más, en la actualidad el Estado sigue pagando los profesores que imparten la disciplina, y delega en la propia Iglesia su designación e incluso su despido.
Pero este no es el asunto. El asunto versa sobre por qué la Iglesia siente nostalgia de aquel régimen monopolista de enseñanza y por qué desea aumentar su ámbito de competencia.
Muchas dudas avalan esta curiosidad. Todos suponemos que la Iglesia quiere la máxima responsabilidad en la educación para expandir convenientemente el mensaje evangélico y la doctrina cristiana. Es decir, para que todos vivan practicando los principios que informan su credo. Y es hasta comprensible.
Sin embargo, la Iglesia no se deja sentir cuando se habla de otras cosas que no sea el grado de su poder e influencia. Quiere doctrina católica para todos, o casi todos, pero luego le resulta indiferente que sus creyentes maten o resuciten, mientan o no digan la verdad, se muestren antievangélicos o acristianos.
Hay dos ejemplos próximos y hasta sencillos, como esos casos prácticos de derecho romano.
El primer caso afecta a la guerra y a la muerte de humanos. La Iglesia tuvo y tiene colegios humildes y colegios caros; universidades mejores y universidades peores, aunque ninguna de ellas barata.
En estos colegios y universidades se educaron niños y jóvenes que luego pertenecieron a la élite del poder, a partidos políticos y a gobiernos de la nación.
Hubo empecinamiento en instruirles con exclusividad en la doctrina católica. Sin embargo, cuando esos niños y jóvenes se hacen adultos y dirigen la nación e incumplen la doctrina que recibieron, la Iglesia calla. No recuerdo ninguna movilización del clero contra la guerra de Irak, por ejemplo. Y si la hiceron fue entre las sombras de los monaterios más alejados de la visión pública.
No se excomulgó a quienes se llenaban la boca diciendo que hacían lo que hacían por España y por su esencia católica, ahora que volvemos a las guerras de religión contra el islam.
Nada dijo contra las mentiras con las que se justificó esa guerra vergonzosa e ilegal. Nada dijo por las muertes causadas, más de 600.000.
El segundo caso corresponde a un pueblo pequeño, Tordesillas, famoso ya por la crueldad de algunos de sus ciudadanos, unos por participación punitiva directa y otros, más cobardes, por jaleamiento y por constituirse en apoyo, y lo que es más triste, en masa amorfa, inerte e impensante (irreflexiva) proclive a la maldad.
La alcaldesa del pueblo pertenece al mismo partido de la guerra que comentábamos arriba. Si no es católica, pertenece a un partido que se proclama cristiano y católico y con toda seguirdad ha recibido educación religiosa católica.

María Milagros Zarzuelo Capellán
Alcaldesa PP Tordesillas
Su delito es el de haberse convertido en portavoz y defensora de una iniquidad, de una aberración, de una crueldad inconcebible para una mente sana. Como decían los cátaros, perseguidos por la Iglesia, este mundo parece (es, según ellos) la creación del diablo, y tiene sus monstruos y demonios por ahi repartidos. Todos fueron extinguidos por decir esto, en Montsegur.
En el averno tordesillesco al animal lo acosan más de 300 caballistas (¿católicos?), lo persiguen, lo agotan, lo alancean, le clavan dardos, así hasta la muerte. Horas de sadismo, estupidez, maldad, zafiedad y vergüenza. Estas son las esencias, si.
Y a pesar de la bula De Salute Gregi Dominici, que prohibe "terminante y perpetuamente" todas estas aberraciones con la "excomunión inmediata para cualquier católico que las permia o participe en ellas", la iglesia calla.
Y a pesar de que se incumple constantemente el catecismo en sus artículos 2415 y 2416, protectores de los animales, la Iglesia calla.
Y cuando los toreros comienzan a decir tonterías sobre la prohibición de las corridas en Cataluña, la iglesia calla.
Y cuando nobles y reyes (sus aliados frente al Tercer Estado, que por lo visto seguimos anclados ahí) dicen más tonterías sobre el asunto, la Iglesia calla.
Y vuelve la pregunta:
¿Para qué quiere esta gente educar? ¿qué entiende por educar? ¿No se siente desautorizada cuando sus huestes, que llenan romerias y festividades locales en honor de la Virgen, de algún santo o santa, beato o beata, añaden al acontecimiento lo que la Iglesia misma prohibe tan taxativamente, es decir, el sacrificio de un animal? ¿Pero no era todo esto impío paganismo?




tono dijo
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28 Agosto 2010 | 12:40 AM