Sin jerarquías
"En anarquismo no comulga con ningún tipo de jeraquías", se dice al pié de una foto periodística.
Demóstenes, por su parte, dice: "Cuando una batalla está perdida, sólo los que han huido pueden combatir en otra".
He ahí dos perspectivas antitéticas, aunque aparentemente parezca que no guardan relación.
La frase de Demóstenes la han practicado muchos guerreros valerosos, entre ellos Oliver Cromwell, lo que le permitió destronar al rey Carlos.
Esta concepción representa varias virtudes: la voluntad de lucha, el sentido táctico de la lucha, la convicción estratégica, la disciplina (quizás no sea tan fácil lograr la retirada de un ejército en batalla), la organización, el sentido de la oportunidad, el realismo, la responsabilidad de no sacrificar vidas inutilmente por un concepto errado, los sacrificios, la antidemagogia, el tratar el eco, como dice Benjamín Rivera, como se merece.
Por el contrario, esa oposición a las jerequías es un hermoso sueño, pero inutil para transformar el mundo. Suena bien, pero resulta mal. No es extraño que les baste con que suene bien: mucho cantante y poeta cree en tales sueños. Pero a ellos no les sostiene esa lucha, sino sus canciones y sus poemas.
Hay por ahí una estrofa igualmente desafortunada. Le dice al enemigo: "Tú tienes la escopeta, pero yo la canción". Si el poeta hubiera tenido sentido de la realidad y del humor habría añadido: "Y el de la escopeta se partió de risa".
Yo, como persona que odia mandar y ser mandado, debería compartir ese sentimiento, ese principio, pero hemos de ser lógicos y razonables.
Si algo hay que satisfaga a un bando es que el otro esté desorganizado y sin estructura. ¿Qué hubiera dado Napoleón por que Wellington hubiera pensado así en Waterllo? ¿No?
El profesor Bueno, al que siempre han considerado un sabio, distinguía cinco tipos de izquierdas, que se agrupaban en organizadas y no organizadas.
Que torpe fue el anarquismo en la II República española: esa era una de sus aspiraciones, la desjerarquización del ejército de la República. Cuánta fuerza le dio esa desorganización al organizado, disciplinado, y fuertemente jerarquizado ejército franquista.
Buena jugada sería acratizar a la juventud española para que nada cambiara nunca jamás. Los jóvenes desorganizándose y la sociedad organizada y organizándolos entre los dientes de su maquinaria.
Y no hablemos ya de la desjerarquízación de los saberes, de las responsabilidades, de los objetivos, de los logros, de las obligadas etapas ierárquicas que hay que superar para llegar a una sociedad justa.
Mejor que pensar en desjerarquizaciones como elemento organizador (si es que se puede), pensemos en la organización de la justicia, de forma que la distribución de misiones no signifique humillación para nadie, sino todo lo contrario, la realización de las aspiraciones de todos.
No estaría mal que ahondáramos en la palabra, o mejor, en el concepto real de anarcocapitalismo. No es una palabra más. Los que poseen más, quieren un mundo así: una selva desorganizada en sus mercados, y un ejército ultrajerarquizado, ultraplanificado y ultraorganizado dentro de sus empresas.






Benjamín Rivera Valdés dijo
Hola, saludos, desde el blog musical selecto.
29 Agosto 2010 | 12:49 AM