Dicen, en esta época enemiga del conceptismo, que una imagen vale por mil palabras. No sé por qué, pero intuyo que las imágenes que esta nueva generación de toreros-profesores pase ante los ojos de los alumnos serán un ejemplo más de deshonestidad, como dicen los anglosajones, o de falta de honradez, como decimos nosotros, más castizos.

Quizás el lenguaje ha ofuscado a la Junta de Andalucía y sus ilustres pensadores han confundido el término taurino de maestro con el pedagójico de profesor, y han entendido que el hábito hace al monje.

La verdad es que la vida se está simplificando una barbaridad. Ya se puede poner en manos de un no profesional la formación de un niño y de un adolescente. Tiene gracia que para envolver paquetes en una tienda cualquiera te exijan un título profesional determinado. Y que sin embargo, un capote y una espada ensangrentados abran las puertas de los  paraninfos de la sabiduría. Si esta gente no hace la revolución es porque no quiere. Cosas más difíciles han conseguido, como colocar a ciudadanos analfabetos como alcaldes de ciudades medias.

Y dada la cualificación del ilustre y profesoral personal, es oportuno preguntarse qué dirán a esos jóvenes. Quizás, como tendrán que convencer de cosas inasimilables a un auditorio frío y en un gran porcentaje refractario a los toros, comiencen con unas lecciones introductorias sobre la inaprehensión de la realidad, la relatividad de la verdad, la subjetividad del  dolor, el sufrimiento como ejemplaridad. Incluso puede que salga a la palestra Millán Astray y su "¡Viva la muerte!", que para eso la vida es sufrir (que se lo digan a los ninis), y luchar, y caer, que nuestra bandera es un río de oro bordeado de sangre ¿de toreros excepcionales o de parados desesperanzados?

La cuestión es que sin percatarse los taurinos, sí los técnicos de la administración con sentido profesional, le están poniendo muy difícil su labor a los verdaderos profesores, que tendrán que bregar con los alumnos a la hora de la verdad, cuando los artífices de la fantasmada hayan hecho mutis por el foro.

Porque ¿después de un "chute" de esencias, sangre, muerte, laceración, violencia, inhumanidad,  falta de elegancia (véanse los gestos de algunos toreros ante el animal agonizante) quién convence a ese joven de que el canon de la belleza no se parece a Manuel Benítez el Cordobes, y que la inteligencia no es una musa con forma de hombre que comenzó toreando en  Ubrique. 

¿Quién le explicará que el machismo adopta formas muy parecidas a las del torero en la plaza (al que se ha intentado incluso sexualizar en la corrida esa) y que la ministra de cultura o no sabe de cultura o no sabe de feminismo o no dice la verdad cuando se manifiesta encantada con la corrida esa.

Después de los tribunales de la Inqusición que terminaban por convencerte de que era por tu bien, sólo los torerófilos han sido capaces de llegar a tal audacia.

Ya sabemos que se afirma que la ignorancia es audaz.

¿serán capaces en su audacia de pasar por sus vídeos didácticos escenas como estas? ¿Las podrán admitir los profesores?

Un acierto más de España. Está claro que para ser político hay que ser peor que El Guerrita. Que "hay gente pa to", como decía él.

http://www.youtube.com/watch?v=GR9_UzMBvQU

En definitiva esto es lo que van a fomentar (a enseñar no, porque lo ocultarán).