Cultura... (1)
La palabra cultura es una especie de jarrón con flores muertas. El jarrón podrá ser precioso, pero su objetivo está ahí, reseco e inutil. Quizás si tuviéramos verdadero sentido de la cultura (y de la estética) y un poco más de conciencia, sólo concebiríamos las flores en un jardín o en el campo.
Freud, en "El malestar de la cultura", sin reducierla a una máxima, la define como la lucha contra la violencia; no tiene sentido si no es antagónica con ella.
La violencia puede ser, si se quiere, hasta bella, pero nunca será cultura. Seguramente no hay cosa más bella para un guerrero que despanzurrar a sus enemigos. No otra cosa se ha hecho a lo largo de la historia idealizando las batallas propias. En "La isla de los pingüinos" Anatole France describe muy bien la marcha de la civilización, incluyendo la cultura y el derecho. http://libros.literaturalibre.com/la-isla-de-los-pinguinos/france_pingouins-presses-pocket/. Pero es una aberración de su sentido verdadero.
Los psicópatas cuentan cosas similares a las del guerrero cuando relatan el éxtasis que se apodera de ellos estrangulando a una de sus víctimas. Una pulsión similar siente el cazador. ¿Primitivismo? ¿instintivismo? ¿Salvajismo? O simple ceguera.
La verdad es que poetas de lo que sea no faltan. Ni asesinos. Menos aún cínicos.
Hace tiempo que la cultura y el arte se divorciaron de las cosas humanas y del humanismo. Incluso una corriente intentó renovar sus aires creando escuelas extrañas, como, la del feismo. Y no pocos genocidios han estado salpicados de cultismos justificativos. Juanto a estos cultismos hay versiones para andar por casa, por ejemplo: "Bombardear a los civiles era como jugar a los marcianitos" (piloto cualificado).
La cuestión es que poco a poco la cultura ha perdido su sentido originario, que consistía en intentar elevar al hombre. Esta es una suposición quizás errada y demasiado optimista. Pero no se puede concebir otra intención que la de crear un mundo paralelo y ejemplarizante que nos permitiera huir de una realidad hostil.
El hombre actual cree que no necesita ni cultura ni ejemplaridad: le basta con su móvil y su yo. ¿Puede haber una civilización más necia que aquella que se crea autosuficiente?
No cabe duda de que en esto juega un papel importante la manipulación. Los romanos trataban de bárbaros a los cántabros que seguían cantando sus himnos de guerra en las cruces represeoras. Pocos dudan de que hay intereses creados minoritarios, y que un sentido general de la matemática, de la racionalidad, de la justicia, de la armonía, pondría en evidencia esos intereses egoistas.
Para proteger esos intereses ¿qué mejor astucia que mezclarlo todo, belleza y bajeza, cultura y degeneración, violencia y arte, endiosamiento e insensibilidad, arte y fealdad, prepotencia y servilismo, cultura y absurdo? La consigna es que no contemos con ninguna referencia y todo sea confusión. El refranero lo sintetiza muy bien: "A río revuelto, ganancia de pescadores".
En el mundo relacionado con los animales todo esto se realiza elevado al cubo. No se podía esperar otra cosa en el trato con un ser tan indefenso como el animal y que a la vez genera tantas riquezas. No nos enfrentamos a un problema de distintas sensibilidades, sino a una poderosa industria y a los manipulados por ella. En EE.UU. han clasificado a PETA organización terrorista. ¿Imaginan a esas actrices y modelos tan sofisticadas con una metralleta al hombro?
En semejante ambiente, tan alejado de la cultura y tan enfrentado a ella, hay dos palabras que repiten como monitos de feria los maltratadores de animales que necesitan vitaminas de ideas para discurrir:
Tradición y esencias. Ambas palabras se han convertido en un talisman que justifica y resuelve los enigmas del hombre y de su porvenir. Con lo higiénico que hubiera sido hablar en español puro, diciendo, por ejemplo, "déjame que lo mate o me voy a acordar de tus muertos". Pero no, había que recurrir a la cursilería de unos petimetres a sueldo para embarrar el agua.
Lo que no saben es que despiertan fuerzas que se volverán contra ellos mismos, y lo que es peor, contra sus propios hijos, tan ciegos están contando monedas de oro.
Resulta curioso que estos tradicionalistas luego estén tan empeñados en ser ultrarreformistas para quitarle unos miserables derechos a los trabajadores. Igual su único afán es jorobar al prójimo, humano o animal, porque todo coincide.
La cuestión es que mucha gente vive en una especie de burbuja de inconsciencia muy peligrosa, sin percatarse de que la tan cacareada cultura hace tiempo murió por maltrato.
Vivimos queriendo convencernos de que puede haber cultura y esclavitud, cultura y guerras, cultura y miseria, cultura y muerte, cultura y desigualdad, cultura y maltrato de personas y animales. El remedio es muy fácil: la vaciamos de sustancia y le embutismos zafiedad. Así la cultura puede conciliarse con cualquier cosa, buena o mala.
El método de narcotización era bien sencillo: se compartimentaba todo, metido en pequeñas y cerradas cajas de autosatisfacción, ordenadas en sus correspondientes estanterías. El mundo no era uno e indivisible, sino tres, primero, segundo y tercero, con fronteras impenetrables, excepto para la explotación, las materias primas y los capitales. Los hombres no eran seres humanos, sino razas inferiores y superiores. Las ideas no eran las de la cultura universal, sino las del sur y del norte, el este y el oeste. Los hombres no eran antes que todo eso, hombres, sino profesiones y oficios, clases y miserables.
Pero de repente la mal llamada globalización empieza a romper el cartón (las barreras) de las frágiles cajitas y se nos está viniendo encima toda la porquería posible que le habían inyectado.
La cuestión es que para combatir esos demonios (miseria, precarización, indignidad, humillación, desprotección, enfermedades, etc) hacen falta muchos elementos reparatorios, y el de la cultura es esencial.
Pero nosotros, los carpetovetónicos intemporales, por lo visto siempre dispuestos a colaborarar con la reacción, vivimos en un cortijo donde a la vez se invoca a la Virgen y se apedréa al toro; donde hablamos de democracia y nos jactamos de que ay de la mujer (la propia) si no vota al partido; donde las ministras de Cultura se emocionan más con el silencio de la plaza que con los berridos que da el pobre animal acribillado; donde los defensores del pueblo muestran su faceta más tierna con un puro en la boca y un niño en sus rodillas, disfrutando de la "corrida" (de sangre, será. ¿Imaginan el calificativo para un padre que obliga a su hijo pequeño a asistir y participar en los sanfermines?
Sí, por cierto, unas paradojas culturales más: ¿Cómo pueden pueden compaginarse las persecuciones y martirios de los toros en los católicos sanfermines y las enseñanzas del religioso san Francisco de Asís? ¿Cómo pueden ser los sanfermines una parodia tan triste del perseguido y martirizado san Fermin? ¿En qué creen de verdad los católicos? ¿No serán ellos unos de los principales causantes del malestar de la cultura, ellos que se creen su reserva?
Que pena que a estos salvadores no les haya dado por leer a Miret Magdalena. Ah, que leen sólo lo mínimamente necesario. Se nota.
http://www.anaaweb.org/protectoras.html



abril-ale dijo
Luism, qué cultura podemos esperar en un sistema tan bestia como el que tenemos. Ojalá no sea demasiado tarde para mi generación y para la generación de chiquillos y chiquillas q apenas están formándose. Nada prometedor hasta ahora.
Abrazos estrechos.
12 Septiembre 2010 | 11:33 PM