Charlas con un misántropo. Dios
El misántropo se sorprende de sí mismo. Sin saber cómo, va a discutir con Dios. Sabía que su malestar le llevaba a situaciones conflictivas, pero nunca imaginó que pudiera llegar a tanto. Lo suyo era tremendo.
--Así que no crees en mí...--le dice Dios.
--Ahora ya no sé qué decir.--responde el misántropo.
--Necesitas meter los dedos en la herida, ¿eh? como San Pedro.
--Nunca hubiera podido pensar que todas esas patra... todas esas historias eran reales.
--¿Y aún así sigues con tu actitud?
--Bueno, tampoco han cambiado tanto las cosas.
--¿Qué no ha cambiado?
El misántropo se queda mirando fijamente a aquel anciano de largas melenas y blancas barbas.
--Pero, ¿no lo sabe todo?
--Puede ser. Interprétalo como un recurso para que te digas a ti mismo cosas que en verdad no sabes.
Esto molesta al misántropo. Ahora va a resultar que él está equivocado. Siempre lo mismo, el ciego echando la culpa al empedrado.
--Recuerda--dice Dios--, que la modestia es la llave del saber.
El misántropo sospecha que Dios no le va a gustar, a pesar de que sus rasgos son apacibles y bondadosos. "Ya empezamos, comenzamos con una situación de subordinación", rumía...
--Mmmm, esa soberbia, Misántropo... ¿Y qué es todo eso que no aceptas de mí y por lo que me niegas?
--Realmente yo nunca he negado a Dios.
--Ah ¿no? No son esas mis informaciones...
--Quizás sus informantes no sean muy eficaces.
--Es posible. Entonces ¿qué niegas de mí?
--Quizás que sea un Dios moral...
--¿Me estás llamando inmoral?
El misántropo abre los ojos:
Pues--reflexiona unos instantes--, puede que sí.
--Créeme, nunca había encontrado a nadie como tú. No sé si eres un incauto, con la de tragedias y castigos que se leen la Biblia...brrrrrrrr.
--Es que el razonamiento, el pensamiento, son matemáticos.
--Pues yo inventé la matemática, la ciencia, las leyes del Universo.
--Es posible, y precisamente ese es el matiz. Siempre lo afirmé: no niego que haya una fórmula matemática, un espíritu creador, un misterio fecundo, una explosión, una implosión, una fuerza generatriz, llámenlo como quieran. Eso no lo niego, ni lo discuto, ni me interesa. Simplemente digo que hay demasiado horror en el mun... en la creación de Dios para poder unir las palabras Dios y moral. La naturaleza es un medio francamente inmoral. ¿Lo ha creado Dios?
--Puede haber causas.
--¿Causas? Otra cosa que siempre maticé: lo que yo combato es la idea terrenal de Dios, es decir, alguien, algo, que reúne dos condiciones contradictorias.
--¿Sí, cuáles?
--Omnipotencia y bondad.
--¿Y por qué son contradictorias?
--No me diga que no sabe la respuesta: es un tema trillado...ya los Ilustrados del XVIII hablaban mal de Creador.
Dios rie socarronamente, por lo bajo:
--El creador que según decían esos ilustrados, no había creado nada. Pues mira, sé cual es tu sueño preferido.
--¿El de que reine la felicidad entre todas las especies sensibles?
--Sí.
--¿Y acaso carece de sentido?
--No, para nada. Pero todo es más complejo.
--No puede serlo, o es Dios o no lo es. Si no lo es ¿por qué respetarle con tanto afán y sumisión? ¿Sí lo es, cómo respetarle viendo sus obras y omisiones? ¿Acaso no sabe lo que pasa en su mundo?
Dios se echa a reír de buena gana:
--Voy a tener que hacerte el rey de los demonios... ¿Sabes el chiste del maño?
--No...
--Era un maño que iba a Zaragoza. Fíjate, hasta sé dónde está esa pequeña ciudad. A los pocos kilómetros se le aparece la Virgen y le pregunta:
"Maño, a dónde vas.
Y el maño responde, huraño:
¡A Zaragoza!
La Virgen sonríe plácidamente y añade:
Eso, si la Virgen quiere ¿no?.
El maño la mira hosco y espeta:
¡No! ¡Yo voy a Zaragoza!
La Virgen se acaricia el mentón, reflexiona, y le dice:
Maño... Nunca me habían hablado así. No me molesta la falta de respeto, pero me preocupa tu imprudencia. Creo que necesitas un correctivo: aprender alimenta el espíritu. A donde vas a ir es al charco, por tu bien y por descreído. No se puede ser tan impío.
Y ¡chas! el maño de bruces a un sucio charco de la carretera.
La Virgen le estudia mientras él se sacude el barro y toda la porquería que ha recogido.
--Bien, maño, ¿a dónde vas?
El maño la mira, piensa, y tras tomar una decisión responde:
¡A Zaragoza!
Ay mañico, que difícil me lo pones ¿tanto te cuesta añadir, si la Virgen quiere?
Pero es que yo voy a Zaragoza ¿qué tiene que ver en esto la Virgen?
Ya molesta por tanta cerrazón aún quiere darle una nueva oportunidad:
Maño, si es muy fácil. Intentémoslo de nuevo. ¿Maño, a dónde vas?"
¡A Zaragoza!
Y plaf, de nuevo al charco, de bruces, como una rana..
Se levanta de nuevo, se sacude y mira expectante a la Virgen, que de nuevo pregunta:
Maño por última vez ¿ a dónde vas?
¡A Zaragoza... o al charco!
El misántropo sonríe. En mucho tiempo se le ve una expresión distendida. Sí, esa es una de las batallas a asumir: ir al charco.
--¿Y soy yo el maño?--pregunta.
--¿Tú sabrás?
--Para mí esto es muy serio. No lo concibo. Parezco el único ser angustiado porque ahora sufran, mueran, seres completamente inocentes. Si eso no le preocupa a Dios, es que no es un Dios moral. Y si todo eso Dios no lo puede evitar, sobra la historia sagrada.
--Pues la respuesta es muy sencilla...
--¿La respuesta muy sencilla?
--Sí, mira...
Sus manos agarran fuertemente la sábana. La respuesta es muy sencilla. Abre los ojos y mira en la oscuridad. Ve sombras, pero sabe que no hay nada ni nadie. Esa es la pena, piensa. Mejor sería que hubiera fantasmas, espectros, ánimas, espíritus. Quizás en un momento dado se apiadaran.
--¿De dónde he sacado ese chiste--se pregunta--, si no lo sabía?
Lo repasa por ver si carece de sentido, como ocurre con la mayoría de las inventos en los sueños.
Pero no, el chiste está bien y todo sigue igual de horrible en el mundo.
