El misántropo mira afectuosamente a su amigo. Está de buen humor. Extraño. Quizás no le ha dado tiempo de reencontrarse con sus propios pensamientos. El cerebro es una cesta en la que vas depositando productos. Ay de ti si te equivocas de compra y empiezas a adquirir productos-realidad, que son como bonos basura. El amigo pregunta:

--¿Vas a ir a la misa por el marido de Asun?

--¿Misa? Pero si todos ellos son ateos.

--No sé. Será cosa de los padres.

--Seguro. No hay uno cuyos padres sean de la otra cuerda--; medita un momento--. No, no voy.

--¿No se molestará Asun?

--Me conoce.

--¿No puede resultar un poco infantil...?

--Sí, ya lo he pensado otras veces, pero llegó el día en que me planté. Si un ateo, es decir, ella, no tiene que cumplir con sus creencias, es que se puede hacer lo que se quiera. Y es lo que yo hago, a imitación suya, pero con una doble virtud: Soy coherente conmigo mismo y además sigo su ejemplo, por lo que no debe enfadarse nadie.

El amigo titubea, luego aclara:

--Yo sí iré.

--Es tu derecho. Hasta estas cosas han perdido  su significado. Aunque me pregunto si en situaciones tan familiares y dolorosas la gente no deseará sinceramente poder realizarlas en la íntimidad.

--Es ella la que me ha invitado. Piensa en lo que tú hiciste en su momento y hallarás la medida.

El misantropo finge reir:

--Sólo he tenido esa experiencia una vez, cuando murió mi padre.

--Pues lo que tú hiciste quizás te sirva de consejo.

El misántropo vuelve a reir:

--Entonces está claro: fuimos al cementerio mi padre y yo, nadie más.

--¿Eh?

--Sí, como que uno de los mozos del cementerio comentó: ¿Tan malo era este hombre? Le aclaré al pobre diablo que no, que al revés, que la gente va a los entierros de los tiranos, que siguen desplegando su sombra hasta después de su muerte. Que ya vio el entierro de Franco, al que fueron miles de siervos.

--Me parece que no se enteró de nada. Cambiando de tema: ¿Has leído lo del Papa (1) en Inglaterra?

--Si, es el colmo del cinismo.

--Ahora los ateos somos nazis--el rostro del amigo ha palidecido; algo le preocupa en el fondo.

--Él lo sabrá por propia experiencia--responde el misántropo--, perteneció a las Juventudes Hitlerianas...

--Sí, mientras los ateos morían en campos de concentración y en el frente, y Pio XII contemporizaba con Hitler.

--¿Contemporizaba? --un gesto lo abarca todo--. Aquí los curas saludaban brazo en alto y su doctrina informaba legalmente las leyes del Estado.  

--Pues mira, ahora los reciben en Inglaterra.

--Otros. Son del mismo tronco: por sus hechos los conoceréis. Ya no se acuerdan con quién se alinearon cuando había que demostrar quién estaba con los nazis y quién no.

--...Me he perdido.

--Hablo de los ingleses. Me refiero a cuando franceses e ingleses se inhibieron en la Guerra Civil española, es decir, abandonaron a una democracia legal y optaron por un régimen aliado de la Alemania nazi y de la Italia fascista. Tanto optaron que los muy sinvergüenzas dejaron que la escuadra nazi, la misma que suministraba armas a Franco, se convirtiera en  vigilante de la neutralidad internacional, es decir, evitando que se suministrara armas al gobierno democrático, legítimo y verdaderamente anti-nazi.

--Increible, y levantan la voz.

--Pero ahora todos, pero todos, quieren olvidar que esa Iglesia que hoy tacha de nazis a los ateos, en aquella época afirmaba --y recita de memoria--que "El Caudillo es como la encarnación de la patria y tiene el poder recibido por Dios para gobernarnos..." (2). Así que mira cuantos tipos de nazismo hay en el mundo.

--Levantan la voz y encima parece que convencen. Misántropo, hay que ir a misa. 

--Ya no sé quién convence y quién no. Creo que la cosa es bastante más sencilla; las palabras son excusas, envoltorios justificativos, es decir ocultativos de la verdad. Y la gente no cree ni deja de creer, sino que, como has apuntado irónicamente, se va con el mejor postor. Permanecen tibios como peces, y de repente dan el coletazo al que muestra menos posibilidades de supervivencia. Tenía razón Marx, seguimos en la prehistoria.

--Volviendo a Asun, ya me has puesto en duda.

--No te compliques la vida y haz lo que el cuerpo te pida. Yo no voy no por una larga elucubración nocturna, valga la redundancia, sino por eso, porque me lo pide el cuerpo. Los obispos no presiden el 1 de mayo, y yo no voy a la misa de un ateo. Sin mayor complicación. Y ahora está la otra versión: Ella lo hace presionada por los padres católicos de él, ella consiente porque son sus padres y es muy grave dejarles creyendo que su niño podría no ir al cielo, y tú vas porque eres su amigo... y encima un flojo.

--¡Oye!

--Jajaja, en realidad esa es mi causa.

--Estos dilemas testimoniales siempre me han empalagado.

--Lo has dicho muy bien, son muy del estilo de los llamados pijo-progre. Yo los llamo gestitos. Pero no es mi caso. No voy porque no me da la gana, simplemente. Porque todo el mundo hace lo que le da la gana y según le conviene. Parece que cada acto debamos adornarlo con un frontispicio intelectual para no dejar de ser por un instante maravillosos.

--El problema es que ella no sabe de esta conversación, y puede pensar cualquier cosa...

--Igual no. Igual piensa exactamente como nosotros. Además, ¿qué se puede decir en estas situaciones? Me pregunto si no será más bien agotador para el deudo.

--Sin embargo, suena un poco cínico, a bicho raro hundido en el fondo de su cueva rumiando su despecho.

--Algo de eso hay, pero, en estas cosas, rumías y no rumías. Estás en el fondo de la cueva y no lo estás. Haces el niño y también el viejo. Sobre despechos hay múltiples versiones. ¿Quién recibe realmente el perjuicio o el beneficio, el familiar o la institución? ¿Crees que no tiene efectos sobre nuestra sociedad que las procesiones se llenen, que las bodas se llenen, que los bautizos se llenen, que las romerías se llenen? ¿No es demasiada claudicación, demasiada ceguera por parte de ese pueblo que no quiere saber nada y sólo busca acomodo?

--Todo es complicado, saben que aún hoy puede tener repercusiones.

--Puede tenerlas, sí, a pesar de que parezca que sacamos fantasmas de las mazmorras, pero es el precio. En este país nunca se sabe con certeza en qué siglo se vive; pasamos de 2020 a 1800 en un verano. Pero que cada cual apeche.

--Volviendo a tu entierro ¿Por qué no invitaste a tus compañeros, a vuestros compañeros?

--¿Para qué? Lo vetaron políticamente porque ellos confraternizaban con el franquismo converso. Su vida era la política, y se la arruinaron mientras nombraban a personajes impresentables en todos los órdenes: moral, intelectual, curricular; hasta gente con responsabiluidades en el otro régimen  ¿Ibamos a lloriquear todos ante su tumba diciendo que lo pasado pasado y que buena persona era? O peor: verles mirar impacientes el reloj, pensando, "que coñazo, con todo lo que tengo que hacer". Ya sabes cómo son estas gentes, carecen de lealtad y de sentimientos. Puras máquinas de calcular.

--Entonces fue consciente.

--Totalmente. Sabía que no tenía amigos, sino enemigos políticos. Desde el primer día lo vetaron, hasta los que se habían disfrazado con piel de radical.

--Quizás estamos debatiendo cosas definitivamente enterradas.

--No digas eso y lee la noticia. Es un discurso el suyo...

--¿De quién?

--Del Papa. Un discurso completamente actual, o subterráneamente actual; además, con una perversidad total. En primer lugar habla de laicismo, luego lo vincula con ateísmo. Más tarde da un salto y vuelve al lenguaje de la guerra fría, en el que elogia a los aliados, pero excluyendo a una parte, es decir, dividiendo--; acerca el periódico y lo despliega: un artículo tiene varios párrafos subrayados. Lee en voz alta:

"Al reflexionar sobre las lecciones del extremismo ateo del siglo XX, no olvidemos que la exclusión de Dios, la religión y la virtud en la vida pública llevan al final a una visión truncada del hombre y de la sociedad".

Ya puedes imaginarte de quién está hablando.

 --Si--conviene el amigo--, no sé que sabe esta gente pero están todos con el hacha en alto y el carro en dirección contraria.

--Quizás que el gran mercado mundial se va a trasladar del Atlántico al Pacífico, lo cual significará pobreza para el Atlántico.

--Y una influencia cultural proviniente de Asia.

--Más Asia, menos Occidente, conflicto asegurado.

--Sí, hay que ver lo que da de sí un entierro.

El misántropo entrecierra los ojos:

--Todo está interrelacionado. Por eso siempre tengo tanto sueño, agotamiento mental. Lo digo en serio.

El amigo se levanta:

--Ya te contaré.

 

 (1) Benedicto XV

(2) Del Catecismo católico español, publicado en Salamanca en 1939.