Charlas con un misántropo. La trabajadora sexual, el amigo y el misántropo.
El misántropo deposita la bandeja sobre la mesa y sonríe a Marina.
-¿Qué tal van las cosas?-pregunta.
Marina coge la taza de café y da unos sorbos.
-Regular...
-¿Y eso?
El amigo interviene:
-La crísis y esta hola de falso proteccionismo, todo revuelto... ¿verdad?
-Exacto. ¿No sé a quién quieren contentar?-contesta ella.
El misántropo ríe.
-A nadie. Es lo peor. A cuatro histéricos que al final no representan a nadie.
La joven deposita la taza:
-Es cierto, a nadie; luego conoces a jueces, empresarios, políticos... incluso políticas.
El misántropo se sorprende, pero no por el sexo, sino por la interpretación que hace de la profesión de los clientes:
-¿Tú has tenido clientes del mundo de la política?
-No de los que suelen salir en la prensa-contesta ella-, pero si de la ciudad.
-Sí, claro-murmura el misántropo, decepecionado-. Había imaginado a Fraga cayéndole los tirantes por los lados...-bromea.
-Calla, calla-protesta ella.
El amigo se echa a reir.
-Lo más curioso es que hablas con compañeros, ¡pero un montón de ellos! y nadie va.
-Sí-confirma Marina-. Lo sé. Es el secreto a voces, O mejor la voz en secreto. Pero no es por moralidad, sino por orgullo, o soberbia. ¿Yo cómo voy a pagar para estar con una mujer? Y mira que algunos pueden ser feos.
El misántropo y su amigo ríen. Saben perfectamente de qué habla.
Se produce un corto silencio mientras pican de la bandeja. Después, el misántropo comenta:
-Yo empecé a ir a los diecinueve.
-Es pronto para un joven-comenta ella-. No digo acostarse, sino pagar para hacerlo.
-Sí, nunca me ha sido fácil.
-¿Y eso?-dice Miranda, echando una ojeada a un retrato que hay sobre la repisa-no eras feo.
Al misántropo no se le pasa desapercibido el tiempo verbal:
-Quizás mi carácter. Siempre he sido raro.
-¿Raro?
El misántropo se echa a reir:
-Esa es una historia muy curiosa.
El amigo abre los ojos. Él y su amigo, en su larga amistad, apenas han hablado, de mujeres. Sobre todo el misántropo es remiso a ello.
-Cuenta, cuenta-incita Marina.
El misántropo hace una pausa, se acomoda, y comienza a hablar:
-Cuando estudiaba tenía un amigo, muy guapo, sobre todo para las mujeres, como se comprenderá. Un perfecto inglés de uno de esos largometrajes tan populares. Un metro ochenta y tantos. Buena ropa, rubio, ojos... creo que verdes, educadísimo, ¡beatísimo!. Siempre íbamos a charlar a cafeterías, hasta que un día nos invitaron a una fiesta organizada por la facultad-el misantropo se echa a reir-. Ese día descubrí que eso de "mi carácter" es una soberana tontería.
Maina y el amigo se miran. No entienden.
El misántropo prosigue:
-¡Las chicas se lo rifaban! Para bromear sabes que-se dirige a su amigo- siempre digo que sé que todas están locas por mí porque vuelven la cabeza hacia el otro lado...
El amigo rie y completa la frase:
-... y que sólo te miran tres beatas feas y mayoes porque se escandalizan ante tanta belleza...
-Eso es. Pero con Miguel la teoría se venía abajo. Si vieraís que tarde más jodida acercándoseme las chicas para preguntarme quién era. Una de ellas terminó haciendo amistad conmigo por lo interesada que estaba en entablar amistad con él. Aquello sí que era un flechazo. Pobrecilla.
-¿Pobrecilla?-pregunta Marina-¿Por qué?
El misántropo sonríe:
-Miguel, querida amiga, nunca será cliente tuyo.
-¿Y eso?
-Es..., lo diré así, sin maldad, mariquita perdido.
Marina echa a reir:
-¿Tú y él...?-y junta verticalemente los dedos índice de sus manos.
-Nooo. Precisamente en eso se basaba nuestra amistad. Una persona respetuosísima que exigía respeto. Cuando digo mariquita se me puede interpretar mal. Un día le dio un puñetazo a uno que por poco lo mata. En ese aspecto era completamente ... buscad vosotros el apelativo.
-Vaya-dice Marina, suspirando-. Que pena de cliente perdido.
-Lo más gracioso de todo -prosigue el misántropo-es que me enteré con el tiempo de que era católico católico católico.
-¿Después de saber que era homosexual?-exclama el amigo.
-Mucho después. Un día el pobre tuvo que confesármelo.
-¿Y eso?-repite Marina.
-Claro, me metía tanto con la iglesia que no soportó más y puso las cartas sobre la mesa.
-Que corte-dice ella.
-Sí, pero ¡cómo adivinarlo? Es más ¿cómo sospechar que alguien que está anatematizado por una confesión pertenece a ella?
-Tendría, o tendrá fuertes problemas morales-apunta Marina.
-¡Que va! Creo que los católicos han aprendido a convivir con toda comodidad con dios y con el diablo. La cosa debe venir de Constantino. Deben haber empollado todos aquellos edictos que no se sabe si romanizaron a la iglesia, o si volvieron beata a Roma. De perseguidos a perseguidores. Ya ves. Se conocía todos los bares de alterne, de homosexuales, claro, de la ciudad. Era una especie de Oscar Wilde en castizo.
Marina siente curiosidad; sus ojos brillan:
-¿Qué opinaba sobre mi profesión?
El misántropo hace un gesto vago:
-Nunca hablamos de mujeres. Al principio yo trataba de acomodar en mi mente la cosa. Me decía, pensaba que él era un hombe que se echaba encima de otros hombres.
-¿Y no era así?-pregunta el amigo.
-Creo que esa es una referencia de alguien muy despistado. La verdad es que no sé muy bien cómo será la vida sexual en la homosexualidad. Ni en hombres ni en mujeres. El otro día alguien preguntaba si las lesbianas repudiaban ser penetradas. Y la verdad, me hago la misma pregunta. Respecto a Miguel, creo que era una verdadera mujer. Vivía en una casa decimonónica, llena de polvo, sombras y objetos artísticos que coleccionaba en cantidades maniáticas. Todo completamente decorada al estilo del XIX. Cortinas rojas, muebles antiguos, pan de oro... A veces pienso que mi gusto por ese estilo viene de esa época, junto a la literatura que leí. Aparte de eso, además, pintaba estupendamente. Es una pena que no haya triunfado, es un verdadero artista, bastante mejor que muchos que exponen en el extranjero. Un día-el misántropo sonríe pra sí mismo-me muestra un pequeño retrato, ovalado, artificialmente envejecido. Era el de una mujer del siglo XIX, con uno de esos moños flojos y bajos de la época. ¿Adivináis de quién era el rostro?
Marina y el amigo se miran divertidos, y al unísono dicen:
-¡De él!
-Exacto. Pero, atención, todo esto lo cuento con total aprecio y comprensión. Quiero decir, que no me resulta ni extraño, ni ridiculo, ni pintosco, ni nada por el estilo.
-Eso por descontado-puntualiza el amigo.
-Pero está vivo, claro-dice Marina.
-Por supuesto, y creo que más ligón que antes.
-Pero nos hemos ido-dice el misántropo, levantándose, yendo hasta una alacena y regresando con un frasco marrón. Todos fijan la mirada en el reluciente cristal tallado: a la luz del atardecer, asemeja un objeto precioso. El denso licor que cae les parece elixir. Para ella seguramente de amor; de inmortalidad para el amigo; para el misántropo, quizás un veneno con morfina.
Marina conoce íntimamente al misántropo, por eso pregunta:
-Pero ¡de verdad no eres bi?
-De verdad. ¿Por qué ocultarlo? Era, es, aunque no lo vea, una buena amistad. Incluso provocó conversaciones con mi padre.
-¿Sospechaba de vosotros?
-En absoluto. sabía que si hay algo que me gusta en exclusiva son las mujeres. No, sobre el "qué dirán".
-¿Te aconsejaba que no lo fecuentaras?-apunta el amigo.
-Al revés, sin demasiada dificultad convinimos que un amigo es lo primero. Mi padre lo apreciaba muchísimo, precisamente por aquella consideración que mostraba siempre. Te digo, un inglés de película, que aún dudo si no es algo irreal.
-¿Miguel?
-No. Lo inglés.
-Y...-dice Marina-¿por qué esa afición tuya a las trabajadoras del sexo.
-Más que afición, simpatía. Siempre me habéis parecido unas personas muy inteligentes. En la mujer normal, entre comillas, veo cierta pusilanimidad. ¿Recuerdas lo que comentamos sobre Margarita Nlelken?-Marina asiente-pues eso. Unas mujeres que han asumido su propia sexualidad, que han roto con el patronazgo masculino, de la iglesia principalmente, y además, que han asumido su posición de clase. Lo que otros trabajadores no hacen, empeñados en desclasarse.
El amigo se extraña:
-¿Asumir su clase? No entiendo.
-Saben discernir entre su derecho a hacer lo que les dé la gana con su cuerpo, que es muy importante, y a no ignorar que están explotadas por unas determinadas causas sociales. Una de las fundamentales, algo que no entienden las feministas radicales, la ilegalidad a las que se les somete. Y digo "les" porque hay que empezar a asumir la prostitución masculina y la homosexual, que existen en cantidad.
Marina hace un gesto dudoso:
-No sé si todas somos conscientes. Estamos donde estamos por necesidad. Las hay en las que es una elección completamente autónoma, pero otras, las pobres se mueven por sus hijos. Mujeres que hace un tiempo eran "marujas", con perdón, las abandona el marido, y ahora hacen la calle, que con los ayuntamientos democráticos, ni eso.
El amigo mira a Marina:
-¿Puedo preguntar cuál es tu caso?
-Ningún problema. Tengo una carrera universitaria totalmente inutil. Estaba en una situación desesperada y vi está salida; pero no estoy dispuesta a ir a fregar ni para una sufragista, ni para una beata, ni para una ejecutiva. No es cualquier cosa ganar cincuenta o cien euros por un rato, así tres o cuatro veces.
-Pero ¿y el asco?-insiste el amigo.
-Está el asco de la prostituta, el miedo del minero, el pánico del soldado donde haya frente, la artrosis y la artritis en la auxiliar de una resiencia de ancianos, encima por setecientos euros y un contrato eventual que no se renueva más allá de los tres años, etc. Es decir, que nuestros salvadores parten de cometer un primer gran error, doble error por intencionado y farisaico.
Como Marina no dice nada más, el amigo insiste:
-¿Qué error?
-El primero no preguntarnos a nosotras, las interesadas. A los toreros los reciben, cuando son los toros las víctimas. A todos los grupos sociales organizados se les pregunta, pero a nosotras no. De verdad que este feminismo es bien burgués.
-¿Estáis organizadas?
-Claro, yo soy de una comisión del colectivo Sexualidad Libre. Y hay otros, como Hetaira. Si visitáis su página, veréis que plumas.
-Pero¿en ningún caso os han preguntado?-interviene el misánropo, que con ella ha profundiza algo en este asunto.
-Que yo sepa no. Hay una actitud muy ambigua, muy hipócrita, muy timorata. Parece como si estuvieran en esto vigilados por sus mujeres. ¡Oye, que puede ser! Cuando hablas con los políticos se escusan en los otros, y los otros en ellos.
-Pero hay una causa, según ellos, claro-dice el amigo.
Marina se echa a reir.
-¿Tú no vas de "putas".
El hombre se sonroja.
-Si, claro.
-Hablas de la prostitución forzada, seguro...
-Si, claro.
-Respecto a eso-se separa un poco de la mesa, cruza sus poderosas piernas, y por primera vez ambos hombres recuerdan que es una mujer-también se pueden decir muchas cosas. ¿Trabajo esclavizado? Claro, entre las prostitutatas, entre los mineros dicen que de Brasil y del Congo, entre los muchos etcéteras que queráis. ¿Y alguien propone eliminar el trabajo?
-Pero dicen que la legalización dispararía la cosa-comenta tímidamente el amigo.
Marina vuelve a peguntarle:
-Pero ¿tú vas de putas?
-Que sí, mujer, que sí...
-Pues deja de hacer de abogado del diablo. Esa es la mayor tontería que ha dicho este gobierno, por boca de sus feministas r-a-d-i-c-a-l-e-s, que seguramente tienen una amplia panoplia de soluciones: catequizarnos con la asignatura "enseñanza para la ciudadanía"; darnos una paga de 300 ó 400 euros como mucho, durante seis meses; hacerse la foto con las más guapas de nosotras; intentar adivinar cuántos votos les dará el asunto, y seguidamente cuántos les restará, porque ya sabeís que este gobierno dispara y luego apunta; quizas tirarnsenos a algunas de nosotros en algún oscuro despacho...; contratarn a otras pocas de "criadas", catorce horas al día, que entonces no habrá esclavitud, bufff, y olvidarse del asunto.
-Entonces no estáis preocupadas por vuestra seguridad.
-Nadie nos ofrece seguridad, aparte de que mienten. Una comisión de juristas, trabajadores sociales, penalistas, educadores sociales, psicólogos, sociólogos, ha informado al Senado, a instancias suyas, estableciendo que no es posible la ilegalización. Pero como muchas de las ministras parece que leen bastante menos que nosotras, aún no se han enterado.
El misántropo interviene:
-Siempre ha habido un vacio muy importante en el análisis de la prostitución: el ascenso en vertical de los delitos sexuales. Y nada. Aquí no se razona, se embiste contra las paredes del otro. Es más, en esto algunos del PP parecen más realistas que este ejército utopistas de la nada. No, utopista no. Que bien que han sabido legislar laboralmente para la derecha.
-Que nos legalicen y que nos permitan medios de autoprotección.
-Quizás procuran defenderos-dice el amigo.
-¿Cómo? ¿Prohibiendo los anuncios en los periódicos? ¿Para que tengamos que salir a la calle? Además hay múltiples mecanismos: en Cataluña se han diseñado fórmulas legales para que creemos cooperativas, con un número máximo determinado, ausencia de proxeneta, edad mínima en los 21. Y más que se puede podría hacer.
-Es que dicen que hay muchas mujeres esclavizadas.
-Ay, hijo, parece que te alimenta el opus dei. Por eso en estas últimas redadas tales casos no han alcanzado el 1%... Cuando el río revuelto, las ministra pijjjas que se fotografían por Voguer llegaron a afirma que las esclavizadas llegaban al 90-95%. ¿O fue Rubalcava? Ahora no sé, pero era oficial. Una verdadera burrada. Es decir, que si según ellos en total somos 400 mil, el 90% de esclavizadas de ellas serían unas 360 mil, y las no esclavizadas unas 40 mil. Y ahora llega la ONU y nos dice que en todo el mundo, es decir, en un lugar con 6.000 millones de habitantes, el número de prostitutas esclavizadas es de dos millones. Fijáos en la correlación, dos millones para 6 mil millones, y 360 mil para 40 millones. Es decir, que en España estamos infinitamente peor que en el tercermundo, dicho con comillas.
El misántropo interviene:
-En Holanda el Estado paga los servicios para las personas discapacitadas. Lo entienden como una necesidad humana y una obligación social a prestar por el lo público. Y en todas las entrevistas se ha demostrado un gran afecto entre trabajadora sexual y cliente disminuido. Toda esa suciedad que intuyen los sectores más reaccionarios, en parte está en sus mentes.
-¿Son reaccionarias las feministas?-pregunta el amigo.
-De todo hay-responde Marina-. Históricamente se han dado dos movimientos: las feministas radicales y las feministas de la lucha de clases. Esta segunda vertiente es la que la sociedad no se quiere que se desarrolle, estoy segura. Más bien le quieren quitar el resuello. Este segundo sector siempre ha defendido la legalización, considerarnos trabajadoras del sexo, desestigmatizar el sexo, que ahí hay mucho mal, y protegernos, en vez de echarnos la policía. En todos estos movimientos hay mucho confesionalismo y muy muy muy poca conciencia.
El amigo protesta:
-Pero confesionalismo no...
-Uy-exclama Marina-recuerda a Bibi, que sostenía que las monjas no son carcas, y recuerda a tu propio parlamento.
-¿Qué le pasa al parlamento?
-No tiene un busto de Manuel Azaña, y sin embargo se quería ponerle una placa a sor Maravillas, que decía que la misión de la mujeres es la obedecer al hombre. Si estos son los que han de defendernos...
El misántropo reflexiona:
-En nombre de la modernidad, que en este caso se llama feminismo radical, hay mucha irracionalidad y mucha ocultación.
Marina y el amigo esperan. El misántropo continúa:
-Hay un elemento nimio que no se tiene en cuenta, que no es el aparentemente generoso de proteger a las prostitutas. ¿Va a querer una esposa, una novia, una joven en busca de su media naranja, que otra mujer desfogue a su paraje o a su espectativa, mermando ello sus posibilidades? Porque os lo aseguro, muchos matrimonios no han sido otra cosa que un ataque de priapismo.
-¿Se puede personalizar?-pregunta el amigo.
El misántropo intuye que la pregunta va dirigida él.
-¿Con cuantas prostitutas habrás estado?
El misántropo no duda:
-Más de mil quinientas.
¿No has exagerado un poco?-duda el amigo.
-Prácticamente he estado con una o dos cada semana; multiplica desde los 19 a los 47 y verás que no hay exageración. Y da más, pero como tengo en cuenta fallos, repeticiones con la misma amiga, etc. lo dejo así.
Marina se asombra:
-¿Qué tienes tú ahi? A eso habrá que añadirle las otras.
El misántropo niega con la cabeza:
-Si las otras son las conseguidas por mí mismo, no más de cinco en toda mi vida.
-¡Y eso!-exclama el amigo.
-Una concepción de vida.
El amigo ríe:
-Por favor, no lo compliques, que la conversación ha ido muy natural y sencilla.
-No hay mistificación, ni sublimación, ni abstracción, ni cuento. La pura realidad. la misma causa por la que no como carne: no hacer daño.
-¿Se hace daño?
-¡Uuuuuy-casi ulula el misántropo-. La mujer no vive el amor como el hombre. Se encariña después de haberse acostado. Al menos la mujer convencional. Lo que no se puede hacer es echarse novias, sabiando que se las va a abandonar después de haber enfriado el recalentón. Eso sí que es crueldad.
-¿Esa es la causa?-pregunta Marina, y bromea-¿No será porque vuelven la cara?
-Ese es un chiste de madurito. Además, de joven no era feo. Estoy seguro de que mi amigo Miguel me hubiera aceptado.
-Mmmmm. A ver si tú...
-Jajajaja, que no. Aunque te digo una cosa, no hubiera estado mal serlo, es el sector más promiscuo de la sociedad. Ellos se miran en la calle y se van juntos. esto lo he visto yo y en lesbianas. Iban dos por un lado de la acera, otras dos por el otro, no sé que señal se harían, y todas se fueron juntas. Al menos me quedé con esa impresión. Quizás esa supuesta marginidad los hace más iconoclastas.
Marina piensa un rato y luego asiente:
-Sí, la mujer sufre más que el hombre el abandono.
-Es algo que de pequeñito me hizo ver mi madre. No sé, quizás le ocurrió algo.
Ha oscurecido y no queda elixir.
-Tengo tres dormitorios-dice el misántropo-¿Os quedáis?
Marina y el amigo se miran.
-La carretera de noche y las copas no es nada prudente-insiste el misántropo.
-De acuedo...
-




Benjamín Rivera Valdés dijo
Hola, una gran historia, adios...
2 Noviembre 2010 | 11:05 PM