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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

6 Noviembre 2010

León Felipe

Felipe Camino Galicia de la Rosa, conocido como León Felipe (Tábara, Zamora, 11 de abril de 1884 - Ciudad de México, 18 de septiembre de 1968), fue un poeta español, integrado en la generación del 27.

RAPOSA   

 

INGLATERRA,  

eres la vieja Raposa avarienta,

que tiene parada la Historia de Occidente hace más de tres siglos,

y encadenado a Don Quijote.

Cuando acabe tu vida

y vengas ante la Historia grande

donde te aguardo yo,

¿qué vas a decir?

¿Qué astucia nueva vas a inventar entonces para engañar a Dios?

 

¡Raposa!

¡Hija de raposos!

Italia es más noble que tú

Y Alemania también.

En su rapiña y en sus crímenes

hay un turbio hálito nietzscheano de heroísmo, en el que no pueden respirar los mercaderes,

un gesto impetuoso y confuso de jugárselo todo a la última carta,

que no pueden comprender los hombres pragmáticos.

Cuando abran sus puertas a los vientos del mundo,

cuando las abran de par en par

y pase por ellas la justicia

y la democracia heroica del hombre,

yo pactaré con las dos para echar sobre tu cara de vieja raposa sin dignidad y sin amor,

toda la saliva y todo el excremento del mundo.

¡Vieja raposa avarienta,

has escondido,

soterrada en el corral,

la llave milagrosa que abre la puerta diamantina de la Historia....

¡No sabes nada!

¡No entiendes nada y te metes en todas las casas a cerrar las ventanas

y a cegar la luz de las estrellas!

¡Y los hombres te ven y te dejan!

Te dejan porque creen que se le han acabado los rayos a Júpiter.

Pero las estrellas no duermen.

Tu imperio es solo una torre artificiosa de ambiciones encadenadas

que se las llevará el viento como las cuentas vencidas de un avaro monstruoso.

A la larga, la Historia es mía, porque yo soy el Hombre

y tú eres sólo un trust de mercaderes.

Vieja raposa avarienta,

has amontonado tu rapiña detrás de la puerta,

y tus hijos ahora no pueden abrirla para que entren

los primeros rayos de la aurora del mundo...

¡Eres un gran mercader!

¡Eres un gran mercader!

Sabes llevar muy bien

las cuentas de la cocina

y piensas que yo no sé contar.

¡Sí, sé contar!

He contado mis muertos.

Los he contado a todos,

los he contado uno por uno.

Los he contado en Madrid,

los he contado en Oviedo,

los he contado en Málaga,

los he contado en Guernica,

los he contado en Bilbao....

Los he contado en todas las trincheras;

en los hospitales,

en los depósitos de los cementerios,

en las cunetas de las carreteras,

en los escombros de las casas bombardeadas

(resbalando en la sangre,

tanteando en las sombras y en las ruinas).

Contando muertos este otoño, en el Paseo del Prado,

creí una noche que caminaba sobre barro, y eran sesos humanos

que llevé por mucho tiempo pegado a las suelas de mis zapatos.

Los he contado en las plazas y en los parques.

He visto a un niño con la cabeza rota y doblada sobre un velocípedo,

en una plaza solitaria, cuando todos habían huido a los refugios.

El 18 de noviembre, solo en un sótano de cadáveres,

conté trescientos niños muertos.

Los he contado en los carros de las ambulancias,

en los hoteles,

en los tranvías,

en el metro,

en las mañanas lívidas, en las noches negras sin alumbrado y sin estrellas.....

Y en tu conciencia todos ¡Raposa!....

y todos te los he cargado a tu cuenta.....

¡Ya ves si sé contar!

Eres la vieja portera del mundo de Occidente...

Tienes desde hace mucho tiempo las llaves de todos los postigos de Europa,

Y puedes dejar entrar y salir por ellos a quien se te antoje.

Y ahora por cobardía,

Por cobardía y avaricia nada más,

Porque quieres guardar tu despensa hasta el último día de la Historia,

has dejado meterse en mi solar

a los raposos y a los lobos confabulados del mundo

para que se sacien en mi sangre

y no pidan enseguida la tuya.

Pero ya la pedirán,

ya la pedirán las estrellas.

La Historia es larga,

el Hombre eterno,

y tu eres sólo la sombra pasajera de la avaricia.

Oye, Raposa:

Yo soy el grito primero, cárdeno y bermejo de las grandes auroras de Occidente.

Ayer sobre mi sangre mañanera, el mundo burgués edificó en América

todas sus factorías y mercados.

Sobre mis muertos de hoy, el mundo de mañana levantará

la Primera casa del Hombre.

Y yo volveré,

volveré porque aún hay lanzas y hiel sobre la Tierra.

Volveré,

volveré con mi pecho y con la aurora otra vez.

 

Valencia, 1937 

  LEÓN FELIPE

 

 

 

Infancia y juventud

Nacido en una familia acomodada, su padre fue notario. Tras licenciarse como farmacéutico, León Felipe inició una vida llena de peripecias, empezando por la regencia de varias farmacias en pueblos de España y recorriendo a la vez el país como cómico de una compañía de teatro.

Permaneció tres años en la cárcel, convicto de desfalco y contrajo un matrimonio fracasado con la peruana Irene Lambarri, residiendo con ella en Barcelona. Su vida bohemia le sumió en una situación económicamente complicada hacia 1919, cuando iniciaba su obra poética en Madrid. Poeta y republicano

Después de tres años de estancia en Guinea Ecuatorial, en aquellos años colonia española, trabajando como administrador de hospitales, viajó a México en 1922, con una carta de Alfonso Reyes que habría de abrirle las puertas del ambiente intelectual mexicano.

Trabajó como bibliotecario en Veracruz, y como profesor de literatura española en la Universidad Cornell, Estados Unidos. Contrajo un segundo matrimonio con Berta Gamboa, también profesora.

Volvió a España poco antes de iniciarse la guerra civil, viviendo como militante republicano hasta 1938, año en que se exilia definitivamente a México, pasando a ser agregado cultural de la embajada de la República española en el exilio, única reconocida entonces por el gobierno mexicano. Nadie mejor que él mismo para describir su estancia en este país:

"Llegué a México (por primera vez) montado en la cola de la revolución. Corría el año de 1923. Después, aquí he vivido por muchos años: Aquí he gritado, he sufrido, he protestado, he blasfemado, me he llenado de asombro..."[1]

Murió en el país que lo acogió, en la Ciudad de México el 18 de septiembre de 1968.

 Obras

Su obra suele asociarse a la de Walt Whitman, del que fue traductor. Comparte con él el tono enérgico, de proclama y arenga casi religiosa, y el impaciente canto a la libertad.

Tras celebración en 2004 del ciento veinte aniversario de su nacimiento, sigue habiendo partidarios de que se reivindique a León Felipe como un poeta mayor superando las dificultades que en vida le depararon su independencia de todas las corrientes literarias de la época y su condición de exiliado.

 Poesía

  • Versos y oraciones del caminante (1920 y 1929).
  • Drop a Star (1933).
  • La insignia (1936).
  • Pescador de caña (1938).
  • Español del éxodo y del llanto (1939).
  • El gran responsable (1940).
  • Traducción de Canto a mi mismo, de Walt Whitman (1941).
  • El poeta prometeico (1942).
  • Ganarás la luz (1943).
  • Parábola y poesía (1944).
  • Llamadme publicano (1950). publicadas bajo este título por imposición del editor (Almendros y Cia. Editores, S.A., México) ya que el autor lo había titulado Versos y Blasfemias del caminante
  • El ciervo (1954).
  • Belleza cruel (1958).
  • ¿Qué se hizo del rey don Juan? (1962).
  • Rocinante(1967).
  • Israel Discurso poemático pronunciado el 31 de Julio de 1967 y publicado posteriormente en 1970 Finisterre, México D. F.
  • ¡Oh, este viejo y roto violín! (1968).

Teatro

Obras originales:

  • La Manzana (1951).
  • El Juglarón (1961).

Adaptaciones de obras de Shakespeare:

  • Macbeth o el asesino del sueño (1954).
  • Otelo o El pañuelo encantado
  • No es cordero... que es cordera (basada en Twelfh Night)

Las traducciones de León Felipe fueron muy abundantes, sobre todo en teatro renacentista inglés. Se desconocen a la fecha varias de ellas pero existe una desaparecida "No quemen a la dama" del original inglés "The lady is not for burning" entre varias más. Actualmente la mayor parte de su obra extraordinaria de traductor y adaptador esta perdida.

 

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Sobre mí

CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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