Charlas con un misántropo. La película de Intereconomía Tv
El misántropo está retrepado en el sofá. Su amigo al entrar sólo acierta a ver la palabra "Fin" en la pantalla del televisor.
-¿Películas en blanco y negro?
-Y tan en blanco y negro.
-Parecía antigua.
-Y tan antigua.
El amigo se sienta y observa con curiosidad al misántropo.
-Pareces una cinta grabadora...
-No es broma, era una película supongo que del cincuentaytantos, española.
-¡Horror! ¿Y te dedicas a perder el tiempo viendo estas cosas?
-La he pillado por la mitad y me ha podido la curiosidad. No me lo podía creer. La tele liberal pasando películas franquistas, y qué películas.
-Cuenta, pero resumidamente.
-Muy resumidamente: están en un campo de concentración ruso, en Rusia. Todos los rusos parecen de Badajoz, y más aún las rusas. Miro las insignias de los presos y me encuentro con que los españoles llevan a la derecha el águila del ejército alemán y a la izquierda el yugo y las flechas de los falangistas. La División Azul, claro. Los del campo le exigen al recien llegado que se quite las insignias, y el caballero falangista se niega. Ah, antes le han presentado a dos excelentes camaradas, que se cuadran como dios manda: dos oficiales, uno fascista italiano, y el otro alemán nazi. Todos son honorables y caballeros, y le levantan la voz a sus carceleros, que se amilanan ante el valor azul-pardo-negro. La cuestión es que van de insurrección en insurrección, acompañados por una musiquilla patriótica y desvaida. Al final de dar unos la lata, pero en plan heróico, y los otros parecer que son los que están presos porque nunca pintan nada, viene un alto oficial ruso, y ante la desastrosa situación intenta comprar al caballero legionario. Pero España ni se compra ni se vende, así que todos a juicio. Los jueces, orondos, aburridos, sin ideales, ética ni nervio, y los acusados gallardos y llenos de valor, orgullo y osadía. El número uno de la insurreción al final del juicio toma la palabra, y fíjate lo que dice el aliado de Hitler e invasor de Rusia: que están presos contra el artículo tal y tal de la Convenicón de Ginebra. Que se ha mancillado su libertad. Y que están allí secuestrados. ¡Secuestrados por los piratas, como un vulgar petrolero de ahora! La cuestión es que los rusos los van a condenar a muerte, pero no, dice el principal, que es el más maquiavélico, mejor matarlos poco a poco: ¡trabajos forzados! Mandíbulas heróicas, miradas decididas, al fondo el Stalin de turno con los bigotes más grandes del mundo y el ceño fruncido. Todos al campo de trabajos forzados: Agotamiento, sufrimiento, pero ellos siguen valientes y viriles. Como les confiscan las cartas, y eso no lo permite la Convención de Ginebra, hacen una huelga en la que van muriendo primero los más tontos, para hacer drama pero sin perder a sus héroes. El héroe principal aguanta y aguanta, proclama tras proclama. Al final ¡victoria! los rusos, vencidos en sus propias trincheras, ceden y distribuyen el correo. Cartas lacrimógenes con musiquilla tierna de fondo. Las mandibulas de acero se relajan, los ojos se empañan, un moco resbala... Al héroe le ha escrito su niña, que reclama a su papá de las fauces del montruo que para vergüenza suya ... se ha dejado invadir. Muere más gente por los actos de heróica cabezonería del caballero falangista... -y pensar que a los oficiales cubanos en Granada los juzgaron por oponer una resistencia absurda e imprudente respecto a sus subordinados-... El caballero falangista erre que erre: Que no trabajo, que no me acuesto ahí, que no me quito las insignias, que me dáis mis cartas. Unos pocos flaquean y aceptan la ciudadanía soviética, y el héroe les escupe su discurso a la cara. Pero Manué, que así no va a quear ni el apuntaor, dice uno...
-¿Eso dice uno?-pregunta perplejo el amigo.
-No, hombre, es una forma de ilustrarte de cómo va la cosa. La cuestión es que a todos los demás países, incluidos alemanes, los han liberado, menos a los españoles, que son los más machos, recios e insubordinados. Otra vez al chiquero. Otra vez fuera del chiquero, hasta que empiezo a aburrirme, pero en eso "¡todos al tren!" ¿Qué va a pasar? Antes vemos desfiles de la victoria, marciales soldados ingleses, americanos, griegos...no distinguí más países. Por supuesto, ni un soviético. La guerra ha terminado... El tren parte, chucuchú chucuchú, las mandíbulas se cuadran, miradas firmes y lejanas. Determinación. Una musiquilla ¿"Montañas nevadas"? Creo que sí. Nos llevan a Siberia... dice el pesimista de turno. ¡No! ¿No véis que ha dejado de nevar? dice el héroe. Se oye un "oooohhh" al unísono. Por fin un oficial ruso, que en realidad es un traidor español que por debilidad se ha pasado, les dice que han llegado a su destino, que se bajen. Temor, incertidumbre, desesperación. De repente las miradas divisionarias azules se iluminan ¡La Cruz Roja!...
-Vaya, se han salvado de las hordas también rojas...
-Ya lo dice él: ¡he luchado dos veces contra el comunismo, y lucharía una tercera vez! Una enfermera anciana con cara de monja estricta los acoge a bordo. Pero al verlos su rostro de sargento se reblandece. Ah, el barco lleva dos banderas, una de la Cruz Roja y otra un poco raquítica que recuerda a la norteamericana, sin serlo completamente. Me da la sensación de una bandera vergonzante. ¿Sería para decir subliminalmente: nosotros los héroes, antes aliados de los nazis, ahora estamos con sus enemigos los vencedores, y los supuestamente vencedores, claro, son los americanos... Entonces todos se arrodillan y dan gracias a dios, no por haber sido salvados, sino por haber ganado la guerra contra la bestia nazi, que para eso están con el amigo americano... Ah, el oficial hispanoruso, el traidor, saca la pistola y se pega un tiro porque comprende que ha perdido la guerra y que jamás volverá a ver a España... o algo así...
-¿Eso de las alianzas lo insinúa la película?
-Bueno, ya sabes que suelo ver lo que no hay... pero la realidad es así: pasaron inmediatamente de vencidos del eje a vencedores aliados.
-¿Y ese tostón te lo tragas a las cinco de la tarde?
-Quería ver la fecha de la película ...
-¿Para qué?...
-Pensaba que en los cincuenta se habrían actualizado un poco.
El amigo reflexiona unos instantes:
-En ello estaban. Quizás es una operación cosmética del momento-dice-. Guerra fría, falangistas y americanos, felices y hermanos. Mira, rima y todo. Se presentaba a la opinión pública la nueva versión militar: que fue una guerra de alemanes, falangistas y americanos, todos aliados, contra los rusos...
-Pero esa no es la cuestión que me ha intrigado-puntualiza el misántropo.
-Lo imaginaba...
-Me pregunto ¿a qué juega Intereconomía? ¿Los liberales quieren aparecer como franquistas, como falangistas, recordando estas cosas? ¡¿Con los nazis?!
-Es incompensible. Su bandera es la libertad, el atlantismo.
-Pero también sabemos que los liberales son empresarios, y que los empresarios quieren libertad, sí, para ellos solos en sus empresas. Igual han recapacitado y recapitulado y han decidido que con el nazismo se explotaba mejor.
-Brrrrrr, me das escalofríos.
-Pues, amigo mío-dice el misántropo-, no cogen de una caja de cartón la película que sea a voléo. Estoy seguro de que hasta hubo discusión para seleccionar ese bodrio.
El amigo queda pensativo:
-La verdad es que en este país puede pasar cualquier cosa-dice-. Ya ves al Papa, hablando de los años treinta, es decir, anclados todavía en una visión entre trabucaire y germanófila, que esa era la posición de la Iglesia en aquel tiempo. Por sùpuesto no han recordado a sus fieles que mientras que ellos se oponían al voto de la mujer, los republicanos se lo concedieron.
-¿Cómo puede poner Intereconomía una película filonazi en pleno 2010? Supongo que en Alemania esta película sería considerada como apología del nazismo ¿o?
-¿o?-se interesa el amigo.
-¿o en este país somos simplemente gilipollas?
-Quita ya...
El misántropo se echa a reir, pero está en lo suyo: la película no es casual.





americahb dijo
De pasadita por todos lados dejandoles abrazos arruchados
Besos
GIA
16 Noviembre 2010 | 11:05 PM