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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

30 Noviembre 2010

Charlas con un misántropo. Cálate el sombrero

 

El misántropo observa a su amiga, algo decaída. Siente como si la luminosidad de su frente estuviera algo apagada.

-Eso es obsesión-comenta, sonriendo.

-Sí, creo que sí-responde ella.

-Las cosas se van resolviendo solas. O no resolviendo, que casi todo es una apariencia.

-Esa es una teoría muy peligrosa...

-Mucho, la utilizarían inmediatamente los tiburones de las finanzas para intentar convencernos de que su riqueza y la pobreza ajena son dos meras ilusiones.

Ella sonríe desvaídamente.

-Creo-dice el misántropo, como si abordara por fin un asunto pendiente-que las decisiones hay que tomarlas cuando se sabe definitivamente qué hacer. Antes no. Napoleón decía que era el hombre más irresoluto del mundo, hasta que tomaba esa decisión. Entonces todo era voluntad hacia ella. Tú eres joven, y quizás el primer principio sea "aprende". Cuando tengas toda la información recabada, decide.

-¿Más información?

-¡Mucha más! De entrada piensa que sistemas que eran un monolito de granito han tenido que cambiar. Yo no sé si su esencia o su apariencia, pero han cambiado en cosas fundamentales para ellos. Y no por gusto.

-Tú sabes que nunca han sido modelos para mí.

-No, pero cualquier cambio importante debe hacernos reflexionar y llevarnos a preguntarnos el por qué. Todo se repite en múltiples tamaños y latitudes.

-¿No serán excusas?

-Podría ser. Pero yo soy muy sincero contigo. No tengo que excusarme, porque ya sabes de mi pasividad decidida. No caben engaños entre nosotros. No represento el papel de héroe que trata de ocultar su cobardía disuadiendo a su amiga de que no merece la pena luchar. Desde el principio te lo dije más o menos claramente, soy el villano en este asunto. Porque hay mil excusas, pero los niños son niños, y es insoportable contemplar cómo viven en algunos lugares del mundo.

-¡Eso, precisamente!

-Pero también debo decir que la solución no es un asunto que esté en tu mano, es decir, más claramente, que su destino dependa de lo que tú hagas o no hagas. Ese es el quid del asunto. Será totalmente indiferente para la realidad, que tiene otros cánones. ¿Arriesgarse para nada pero salvar la conciencia? ¿O saber que nada puedes hacer, salvo aportar un átomo en el que nadie reparará, salvo tu conciencia?

-Suenas un poco como mi padre.

-Claro, es normal.

-¿Por qué?

-Él era como tú, y seguramente hizo más que tú hasta ahora; no es un reproche, sino evidenciar tiempos, tu biografía acaba de comenzar. Él luchó y lo primero que descubrió fue la ingratitud, la traición, ver cómo se entregaba y seguramente cómo vendían su cabeza. En esta guerra no hay cuerpos homogéneos. Decía un gran luchador que cada mil soldados, sólo hay uno que sea consciente de a dónde va y por qué. Que el resto se reparte entre ineptos y deshonestos. Más deshonestos que ineptos. Y todo eso le preocupa por ti.

-Sí, algo así puede haber

-Creo que cuando se tiene hijos muchos principios se diluyen...

-Bueno, ha habido hombres y mujeres que lo han dejado todo.

-Por supuesto, pero son la excepción. De esos se da uno cada cien millones... Y tiene varios precios, el primero el de que sus hijos paguen el peaje por una autopista por la que no han de transitar forzosamente.

-Creo que es una conversación agotada...

-Puede que sí. Pero la primera pregunta que me plantearía, ante tu disyuntiva sería ¿con quién? ¿Lo sabes ya?

-No.

-Pues es esencial. Es muy lamentable unirse a alguien para la ilusión, el objetivo de tu vida y descubrir al cabo del tiempo que ibais a destinos distintos. Son viajes sin retorno.

-La verdad es que construir no sabes, pero destruir...

El misántropo se echa a reír:

-Hasta de niño me lo dijeron.

-¿Sí?

-Sí, desmontaba los juguetes para saber qué había dentro, pero luego no los montaba... afán destructivo, decía mi padre...

-Bueno, puede ser tu vocación.

-Seguramente, es un oficio en el que la primera víctima es uno mismo.

-Quizás-; ella no está para monsergas.

El misántropo lo capta y dice:

-Dale tiempo al tiempo, deja que las cosas se deslicen solas. Sobre todo, no te precipites. Golda Meir, una gran política judía, lo cual no quiere decir que fuera buena-ironía-decía que ese era el mejor consejo que había recibido: Nunca te precipites.

-Se me puede pasar el arroz. en la espera ¿No?

-Ese es un banquete de autofagia, si es que existe la palabra. No tengas tanta prisa por devorarte. La vida lo hará por ti. Puedes empezar por ir implicándote poco a poco y viendo cómo son y transcurren las cosas.

Él descubre en ella un gesto disimulado de exasperación. La prudencia nunca ha sido una cualidad correctamente valorada. Se la suele conocer por nombres equívocos que no corresponden con su verdadera esencia, o mejor, por sus verdaderas raíces. La prudencia es más una característica -no digamos cualidad-del que ha luchado que del que se ha ocultado. La ocultación no nos convierte en prudentes, quizás sí en cobardes. Y ambas palabras se confundes. Quizás las confunden intencionadamente los detractores de la acción.

-Quizás otro día estemos más inspirados- dice él.

Ella asiente.

El misántropo se concentra:

-A ver si lo recuerdo. Es un poema de Bertolt Brecht-vuelve a concentrarse-, dice así: Borra las huellas. Sepárate de tus camaradas en la estación. Ve por la mañana a la ciudad con la chaqueta abotonada.
Búscate un alojamiento y cuando tu camarada toque: no abras, oh, no abras la puerta. Al contrario, ¡borra las huellas!  Cuando encuentres a tus padres en la ciudad de  Hamburgo o en algún otro lugar, pásales por el lado como un extraño, dobla la esquina. no los reconozcas. Cálate el sombrero que te regalaron. No muestres, oh, no muestres tu rostro. Al contrario, ¡borra las huellas! ¡Come la carne que tengas! ¡No ahorres! Entra en cualquier casa cuando llueva y siéntate en     cualquier silla que allí haya. ¡Pero no permanezcas sentado! ¡Y no olvides tu     sombrero!  Te digo:  ¡borra las huellas!   Lo que digas, no lo digas dos veces. Si encuentras en otro tu pensamiento: desmiéntelo. Quien no haya dado su firma, quien no haya dejado      alguna foto, quien no haya estado presente, quien nada haya dicho, ¡cómo podrá ser apresado! iBorra las huellas! Si piensas morir, preocúpate. de que no quede tumba que indique dónde yaces. con un claro epitafio que te señale y la fecha de tu muerte que te delate. Una vez más: ¡borra las huellas! (Eso me enseñaron.)

Ella le escucha con sorpresa:

-Algo ambiguo de interpretar...-dice.

-Sí. Ten en cuenta que está hablando sobre el periodo nazi.

-No alcanzo bien su sentido...

-¿Quizás la traición dentro de las propias filas? Es una serie de poemas sobre la militancia. Quizás está alertando a aquellos espíritus demasiado confiados que creen que todos son compañeros leales que darán su vida por ti. Que basta que otro vaya codo con codo contigo para que eso lo adorne con todas las virtudes existentes;. esa es una militancia en el mundo ¿de yupi? Otro día recitaré otro, contradictorio quizás con esta, en contra de la duda...

Comienza a lloviznar.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

abril-ale

abril-ale dijo

Una vez alguien dijo "Quien no arriesga no gana" Creo que esta frase se debe aplicar cuando las convicciones son profundas y cuando se está seguro que se lucha por lo correcto. Nadie se aventuraría en una expedición sin sentido y aún sabiendo que en ella puede ser devorado por lagartos o caer al fondo de un precipicio, siempre se tiene un norte ¿equivocado? quizás.

Obviamente que lo que acá plantea el misántropo tiene lógica, y además, el misántropo es alguien que ha vivido mucho y ha transitado por caminos en los cuales ha sacado grandes lecciones, imagino el padre de la chica también. Mal haría ella en no prestarles atención a ellos, pero también mal haría en no prestarle atención a su conciencia y ser fiel a sus propias ideas. Creo que ella puede hacer un alto, reflexionar y tomar una decisión cuando este cien por ciento consciente del paso que dará y que la realidad es más dura y cruda de lo que parece.

Abrazoooos.

30 Noviembre 2010 | 07:27 PM

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Sobre mí

CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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