6 y 9 de agosto de 1945: Hiroshima y Nagasaki.
Hoy, 6 de agosto, hace 66 años que EE.UU. arrojó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Es el único país del mundo que ha utilizado este tipo de armamento.
Tras recibir la noticia, Harry Truman, ordenante del ataque como presidente de los Estados Unidos, declaró: “Éste es el suceso más grandioso de la historia”.
La grandiosa acción provocó más de 200.000 muertos y cerca de 156.000 heridos de carácter civil.
Tres días después se volvió a bombardear atómicamente otra ciudad japonesa, esta vez Nagasaki.
Uno de los pilotos, poco después, exclamó: "¡Dios mío! ¿qué hemos hecho?"
Es totalmente incierto que estas acciones fueran necesarias, al menos frente a Japón. En todo caso lo fueron para el mundo, y especialmente para la URSS. Era la forma de reafirmar la pretensión norteamaricana de vivir a costa de los demás, que no es otro el secreto de la política y de la economía.
Hoy, transcurrido el tiempo, la frase de "un gigante tecnológico, un enano de la ética" se evidencia en todos los órdenes.
La verdad es que no se ha aprendido gran cosa. Igual que durante décadas el país causante de tal genocidio fue considerado el "amigo americano", defensor de la libertad, hoy los principales órganos internacionales, cuya función es servir a la humanidad, encuentran gente servil dispuesta a retorcer esa función y convertirla en una justificación para el expolio.
