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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

9 Agosto 2011

La Europa neoliberal al borde del abismo

JUAN TORRES LÓPEZ

Lunes, 08 de Agosto de 2011

Es imposible resolver los problemas financieros coyunturales que vive Europa (subida de la prima de riesgo y peligro de impagos generalizados) simplemente mediante la compra selectiva y puntual de deuda por parte del Banco Central Europeo. Los problemas son estructurales:

- Hay que frenar la actividad de los especuladores mediante tasas sobre las transacciones financieras y, si es necesario, estableciendo controles sobre los movimientos de capital especulativo.

- Hay que garantizar financiación a los estados, al menos, en las mismas condiciones en que se financió a la banca privada. Eso debe traducirse, en primer lugar, en la realización de una auditoría independiente de la deuda existente para determinar cuál ha sido impuesta a los pueblos por los terroristas financieros y rechazarla por ilegítima y odiosa. Posteriormente, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea deben ayudar a que cada gobierno establezca planes de pago a medio y largo plazo y suministrarle la financiación adecuada para ello (que, en todo caso, será muy inferior a la concedida casi gratuitamente a los bancos privados que provocaron la crisis).

- Poner fin a la actividad de las agencias de calificación criminales que han mentido y contribuido a crear la situación de perturbación financiera en la que estamos.

En cualquier caso, no se puede olvidar que lo que está pasando es el resultado de otras circunstancias a las que no se está haciendo frente:

- El diseño muy imperfecto de la unión europea y de la zona monetaria, que se hizo para beneficiar exclusivamente a las grandes empresas e intereses financieros y que ha dado lugar a que los países de la periferia y las clases trabajadoras del conjunto de Europa no tengan apenas mecanismos de defensa para mantener su nivel de vida y sus fuentes de ingresos.

- La regulación defectuosa de las finanzas internacionales establecida con el propósito exclusivo de permitir que los poseedores de capital hagan lo que les venga en gana para ganar cada vez más dinero.

- Las políticas económicas que se vienen llevando a cabo que están produciendo un incremento extraordinario de la desigualdad espacial, personal y de género y que es la  que genera los capitales con que se llevan a cabo los movimientos especulativos.

- La falta de democracia y de control efectivo de la ciudadanía sobre los gobiernos y las autoridades públicas en general (como el Banco Central Europeo) que permite que todas ellas se hayan hecho cómplices de los grandes financieros y que actúen constantemente al margen de los intereses de la mayoría de la sociedad.

Por lo tanto, es a todos estos problemas a los que hay que dar solución y no solo a los puntuales que está provocando la subida de las primas de riesgo. Si se dejan tal cual están hoy día, la intervención del Banco Central Europeo simplemente modificará la posición desde la que actúan los especuladores pero no evitará ni mucho menos que sigan provocando daños.

Sin afrontar los problemas estructurales a los que acabo de referirme será inevitable que se profundice en la inestabilidad y en el peligro de crisis generalizada porque, por un lado, sin cambiar de políticas se impide que las economía se recuperen; y, por otro, porque sin frenar a  los especuladores, el propio Banco Central Europea va a provocar males mayores de los que dice que quiere evitar.

Mientras que las políticas y los gobiernos neoliberales con el Banco Central Europeo a la cabeza ponen a Europa al borde del abismo los ciudadanos europeos no podemos seguir esperando a que las autoridades recobren la cordura: hay que actuar e impedir mediante el debate y la movilización que lleven a Europa a la destrucción y a un conflicto social de consecuencias imprevisibles.

Contra el terrorismo financiero

Viernes, 05 de Agosto de 2011

Publicado en Público el 5 de agosto de 2011
Por Juan Torres López (Comité Científico de ATTAC España), Carlos Martínez García (Promotora Estatal de Mesas de Convergencia) y Francisco Jurado (Democracia Real Ya)

La extraordinaria subida de la prima de riesgo española y de otros países aún más cercanos al corazón de la vieja Europa nos pone al borde del límite de lo que la ciudadanía no debería consentir.

Nada ha cambiado en España en los últimos días –salvo la celebración de nuevas subastas de deuda pública, claro está– que haya podido dar a entender a “los mercados” que la situación de nuestra economía es peor que hace unas semanas y que, por tanto, justifique una subida en el tipo de interés que debamos que pagar para financiarnos. Se trata, tan solo, de nuevas operaciones de casino que apuestan sobre seguro, provocando ellas mismas los resultados que más les convienen a inversores que, por supuesto, no albergan ninguna preocupación acerca de lo que suceda en la economía real, en la vida de la gente, sino en cómo mejorar sus posiciones de apuesta para ganar más dinero.

Cuando los bancos que habían provocado la crisis que estamos viviendo necesitaron financiación, los gobiernos y el Banco Central Europeo no dudaron en acudir en su auxilio, en una ocasiones, porque decían que eran “demasiado grandes para dejarlos caer” y, en otras, porque había que “salvar al sistema financiero”. En ello se gastaron varios billones de euros; más de 800.000 millones sólo en Alemania y Francia.

Sin embargo, cuando fueron los estados los que necesitaron financiación, fundamentalmente como efecto de la crisis que habían provocado los bancos, aunque en mucha menor medida, en lugar de recibirla en las generosas condiciones en que lo obtuvo la banca, tuvieron que ponerse en manos de esta. Y, gracias a ello, los bancos no sólo levantaron de nuevo cabeza, prestando a tipos cinco o seis veces más altos el dinero que recibían al 1% del Banco Central Europeo, sino que así pudieron poner contra las cuerdas a los gobiernos y exigirles nuevas reformas liberalizadoras como condición imprescindible para salir de la crisis, cuando, en realidad, fue la generalización de ese tipo de medidas lo que la provocó.

Los gobiernos, y en concreto el español, vienen diciendo a la ciudadanía que para acabar con esta situación hay que contentar a los mercados y que para ello es inevitable llevar a cabo las reformas que se les exigen y que, en gran parte, ya se han aplicado: del mercado de trabajo y de las pensiones, privatizaciones de empresas públicas y, pronto, de servicios públicos esenciales. Pero estas recetas se han revelado como una gran mentira, como evidencia el que ni estén produciendo los efectos beneficiosos sobre la economía con que se justifican, ni logren detener los ataques especulativos contra nuestra deuda.

Tratar de hacer frente a una situación que el propio presidente de la Junta de Andalucía calificó de “terrorismo financiero” cediendo a la extorsión, como está haciendo el Gobierno socialista, es algo peor que una simple ingenuidad. Las reformas que ha llevado a cabo sólo han servido para debilitar aún más la capacidad de generación de empleo e ingreso de nuestra economía y, al frenar la recuperación y el crecimiento de la actividad, terminarán encareciendo aún más la deuda pública a medio y largo plazo, convirtiéndose esta dinámica en un círculo vicioso que lleve a la ruina a los propios estados, a sus servicios públicos esenciales y, por ende, a toda la ciudadanía.

Al terrorismo financiero que está destrozando economías enteras no se le puede combatir con sometimiento, sino con firmeza y decisión, defendiendo la economía que crea empleo, riqueza y bienestar y cortando las alas de los capitales especulativos.

Europa tiene medios para lograrlo.

Debe garantizar que los estados dispongan de financiación adecuada a través del Banco Central Europeo, negociando para ello las condiciones que le permitan generar ingresos y no destruir sus fuentes, como ha venido sucediendo. Es una ignominia inaceptable que se preste al 1% a bancos irresponsables y que se obligue a que los pueblos tengan que hacerlo incluso al 10%, como está ocurriendo en algunos casos.

Además, Europa debe establecer impuestos y tasas sobre las transacciones financieras especulativas que las desincentiven en la mayor medida posible.
Y Europa tiene también la obligación moral de establecer controles de capital para impedir que financieros sin escrúpulos sigan poniendo en juego el futuro de la Unión Monetaria, la estabilidad económica y social y el bienestar de sus ciudadanos.

Pero ni España ni el resto de países europeos pueden esperar a que todo se resuelva en Bruselas. Se equivocarán una vez más este Gobierno y los partidos políticos que lo apoyen si vuelven a recortar derechos sociales creyendo que así disminuirá la voracidad de los mercados. Volveremos a ir todos a peor, salvo la banca y las grandes empresas.

En una democracia real, las personas son las verdaderas depositarias de la soberanía nacional y, por tanto, deben constituirse en protagonistas de las decisiones políticas que se toman, como actores y como beneficiarios principales. Si viviésemos en esa democracia real, y los ciudadanos supieran de verdad lo que está pasando, no consentirían el tipo de terrorismo que se está practicando, ni la complicidad de los gobiernos. Y por eso creemos que es fundamental que los movimientos sociales y las organizaciones políticas, sindicales y ciudadanas de todo tipo hagan el máximo esfuerzo para informar, concienciar y movilizar a todas las personas que, con independencia de ideologías o de posiciones políticas, simplemente se indignen y reaccionen ante la injusticia y la irracionalidad que se nos está imponiendo.

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CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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